El celo del corzo ibérico ocurre en pleno verano, entre mediados de julio y mediados de agosto. Durante esta época, los corzos machos persiguen a las hembras, marcan intensamente el territorio y ladran para desafiar a otros machos o atraer a las corzas.

Traillero y apasionado por la caza del corzo
Carlos Posada es un perrero de Potes, municipio situado en el centro de la comarca de Liébana. Ha heredado de su padre, José, la pasión por la caza del jabalí con perros de rastro atraillados. Desde corta edad, caza con sabuesos españoles y grifones asturcántabros.
Se inició en los recechos junto a un amigo con el que aún sigue cazando. Abatió su primer corzo a los 15 años. Este es el ejemplar con el mayor trofeo que ha abatido en su trayectoria cinegética. Siempre caza en abierto.
El cántabro está patrocinado por las empresas Ardesa y Hornady y es pro hunter de Aimpoint.

La caza del corzo ibérico en época de celo
Carlos se desplazó la pasada semana desde Potes hasta un acotado de Castilla y León para intentar abatir un macho con un espectacular trofeo. Él y un amigo sabían de la existencia de un animal con una cuerna muy larga y gruesa en el coto.
Carlos desea mostrar su reconocimiento y agradecimiento a la persona que hizo posible el abate de este impresionante corzo: «Hoy en día, tener amigos así es complicado. Me siento afortunado».
El día del abate del macho, los cazadores comenzaron el rececho a las 18:30 horas. Tras más de una hora de recorrido, alcanzaron el territorio del corzo que estaban buscando. Se trata de un monte de mosaico. Tuvieron que esperar hasta el anochecer para localizar al macho.
Con las últimas luces del día, apareció una hembra en el claro de una ladera. Diez minutos más tarde, se presentó un macho con un gran trofeo a 330 metros de distancia. Únicamente pudieron verlo durante unos instantes antes de que volviera a ocultarse entre la vegetación. No tuvieron tiempo de valorarlo, pero pensaron que podía tratarse del corzo que buscaban.
Cinco minutos más tarde, volvió a mostrarse a 310 metros. Corrió encelado por la ladera siguiendo los pasos de una hembra. El cazador esperó a que se detuviera a 300 metros para apretar el gatillo de su rifle Tikka T3X Lite Veil Wideland del calibre .270 Winchester. La bala Hornady 270 Win Precision Hunter ELD-X de 145 grains se alojó en un punto vital del macho.
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