Las aves esteparias constituyen uno de los grupos de aves más amenazados de Europa, y España alberga las principales poblaciones europeas de muchas de estas especies. Se trata de aves que dependen estrechamente de hábitats abiertos y áridos, ligados a sistemas agrícolas extensivos tradicionales con dominancia de cereales de secano y el mantenimiento del barbecho.
A lo largo de las últimas décadas, la abundancia poblacional y el rango de distribución de las aves esteparias, incluyendo la de especies icónicas como la avutarda, el sisón y las gangas, se han desplomado como consecuencia de la intensificación agrícola, los cambios de uso del suelo y la pérdida de heterogeneidad del paisaje.
Frente a este deterioro, la Política Agrícola Común (PAC) lleva casi un lustro tratando de implementar medidas para favorecer la biodiversidad de los sistemas agrícolas. A través del actual Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC 2023-2027), esto se hace a través de medidas o ayudas ambientales como los eco-regímenes, que promueven prácticas para incrementar los «Espacios de Biodiversidad» mediante la mejora de la heterogeneidad del paisaje agrario; junto a otras más específicas, como las destinadas a la adopción de prácticas para la «Protección de las Aves», entre las que se encuentran el retraso de las fechas de cosecha y labores del suelo, la restricción o eliminación del uso de fitosanitarios y fertilizantes sintéticos y la conservación de rastrojeras y franjas sin cosechar.
Para determinar la eficacia potencial de estas políticas, un equipo de científicos ha evaluado la alineación espacial entre las zonas de máxima diversidad de aves esteparias en la España peninsular y la adopción real de las medidas de la PEPAC durante el año 2023. El objetivo principal fue verificar si las ayudas públicas se están aplicando en los lugares idóneos y en la magnitud necesaria para frenar la pérdida de biodiversidad. El estudio se enmarca en el ámbito de colaboración del IREC con la Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI) AGRIAMBIO, coordinada desde el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), y cuyo objetivo es evaluar la eficacia de las medidas socio-ambientales de la PAC.
El estudio, que ha contado con participación del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC-UCLM-JCCM), identificó las áreas de alta diversidad (hotspots) analizando los mapas de distribución de 26 especies de aves esteparias en la península ibérica y combinando por primera vez tres facetas complementarias de la biodiversidad: riqueza taxonómica (número de especies), diversidad funcional (roles en el ecosistema) y diversidad filogenética (historia evolutiva).
Estos mapas de biodiversidad se gereneron dentro del marco del Proyecto ELECTROSTEPPE (TED2021-130352B-I00, MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033 and EU NextGenerationEU/PRTR), liderado por François Mougeot desde el IREC, junto con Ana Benítez-López del MNCN. “Se ha logrado determinar qué zonas presentan más diversidad de aves esteparias tanto por el número de especies como por el tipo de funciones que cada una tiene en el ecosistema, y su historia evolutiva. Hemos comparado los mapas de las zonas de mayor diversidad taxonómica, funcional y filogenética de las aves esteparias con los mapas oficiales que muestran las medidas del Plan Estratégico de la PAC a las que se ha acogido cada explotación agraria”, explica François Mougeot, investigador del IREC.
Al cruzar la información biológica con los datos oficiales de adopción de la PAC a nivel de parcela, el análisis reflejó dos realidades contrapuestas. Por un lado, la adopción de las medidas de la PEPAC fue mayor dentro de los puntos calientes de aves esteparias que fuera de ellos. La adopción de los eco-regímenes alcanzó un promedio del 17,3% de la superficie agraria apta en las zonas de mayor valor para las aves esteparias, frente al 7,2% en zonas que no son puntos calientes para estas especies. Por su parte, para las medias concretas para la protección de aves, la cobertura de aplicación fue del 0,8% en zonas de alta relevancia para las aves esteparias frente al 0,3% en el resto del territorio. Esto confirma que las medidas están bien orientadas geográficamente hacia los focos de biodiversidad. Pero esos niveles de acogida son muy inferiores a los deseables.
A pesar de la buena (aunque escasa) orientación espacial de la aplicación de las medidas, la participación voluntaria del sector agrícola fue sumamente reducida. A nivel nacional, el eco-régimen solo cubrió un promedio general del 7 % del territorio agrario evaluado, mientras que las medidas específicas de protección de las aves no alcanzaron el 0,5 % del territorio.
“Estos valores quedan muy lejos de los niveles necesarios para cumplir con los compromisos internacionales en materia de protección de la biodiversidad, que exigen proteger y restaurar eficazmente al menos el 30% de las zonas terrestres para el año 2030. Tampoco cumplen las recomendaciones de la Comisión Europea para detener e invertir la pérdida de biodiversidad con el fin de contribuir a los objetivos del Pacto Verde”, explica el investigador del MNCN Mario Díaz.

Mapa bivariado que muestra la relación entre la diversidad de aves esteparias y la adopción real de medidas de conservación del PEPAC en 2023.
La interpretación de estos datos sugiere que la brecha no reside en la planificación espacial de la administración, sino en barreras de adopción que desincentivan a los agricultores. Entre las causas principales destacan la rigidez de los criterios de elegibilidad y los condicionantes normativos.
Por ejemplo, en varias comunidades autónomas, las ayudas para la Protección de las Aves se restringieron únicamente a terrenos situados dentro de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Red Natura 2000. Dado que el 78,9% de la superficie de los puntos calientes de aves esteparias queda fuera de la red ZEPA, la mayoría de los terrenos clave quedaron excluidos de la posibilidad de solicitar estas ayudas regionales.
Los resultados concluyen que los instrumentos actuales de la PAC resultan estructuralmente insuficientes para lograr los objetivos de conservación de las aves esteparias con los niveles actuales de participación. Para que la política agraria cumpla con su función ecológica, las prácticas beneficiosas para la biodiversidad deben ser no solo científicamente sólidas, sino también técnicamente viables y económicamente atractivas para los agricultores.
“Si queremos cumplir los objetivos ambientales y sociales de la PAC, es necesario, en primer lugar, que las medidas diseñadas para alcanzarlos se apliquen en las zonas donde son necesarias y con una escala de acogida suficiente”, propone Laura González-Pulido, investigadora del MNCN.
Entre las principales implicaciones para la gestión futura destaca la necesidad de ampliar la elegibilidad de las ayudas a la totalidad de los puntos calientes de aves esteparias identificados fuera de los espacios protegidos tradicionales. Asimismo, se requiere reforzar los incentivos económicos, simplificar la burocracia y proporcionar un asesoramiento técnico cercano sobre el terreno.
Además, integrar la cartografía espacial de biodiversidad en la planificación de la PAC permitiría concentrar los recursos donde mayores beneficios aporten, garantizando la sostenibilidad de la agricultura y la supervivencia del patrimonio natural ibérico. “Los resultados obtenidos demuestran la relevancia que tienen los mapas de biodiversidad para orientar y mejorar la eficacia de las medidas de conservación”, destaca François Mougeot.
Dado que España alberga algunas de las principales poblaciones de aves esteparias de Europa, el futuro de estas especies y de otras vinculadas a estos ambientes está ligado a la gestión de nuestros sistemas agroalimentarios. “El reto de frenar el declive de las aves esteparias no se limita a la conservación de este grupo de especies, sino que está vinculado a la construcción de unos sistemas agroalimentarios europeos sostenibles y justos, capaces de producir alimentos y conservar la biodiversidad frente a los desafíos del cambio climático y la intensificación agrícola”, concluye Díaz.
Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:
- González-Pulido, L., Clemente-Orta, G., Medrano-Vizcaino, P., Benítez-López, A, Díaz, M., Mougeot, F. 2026. Low uptake of biodiversity friendly agricultural practices in steppe bird diversity hotspots. Biological Conservation 321: 112011.
Foto portada: Laura González Pulido
0 comentarios
Todavía no hay comentarios aprobados.
Deja un comentario