Especies invasoras

El ataque de un siluro a una paloma bravía en el Ebro

El ave ha caído al río y no es capaz de alzar el vuelo. Desde las profundidades emerge el superdepredador y captura al pájaro. Desaparece bajo las aguas con su presa.

Siluro atacando a una paloma en la superficie de un río junto a un puente

Rubén Ruiz publica en el perfil de la tienda de pesca Arapaima Beitia, ubicada en la localidad de Ribabellosa, en Álava, este documento de naturaleza. El nombre del establecimiento proviene del arapaima, un gigantesco pez de agua dulce de la región del Amazonas. En el local podemos encontrar artículos de pesca deportiva, accesorios de pesca en línea o cebos.

 

El siluro invade los ríos y embalses españoles

La especie llegó a España en 1974. Un pescador y biólogo alemán liberó varias decenas de alevines en el embalse de Mequinenza. La cuenca del Ebro es el principal núcleo y donde más densidad y tamaño alcanzan.

En la cuenca del Tajo está presente en varios embalses y tramos del río. También ha llegado a las cuencas del Júcar y del Segura y se ha establecido en el bajo Guadalquivir y en el embalse de Iznájar, amenazando gravemente la fauna autóctona y el entorno de Doñana.

El siluro más grande registrado en España midió 2,81 metros de longitud y pesó unos 130 kilos. Fue capturado por cuatro pescadores en el río Ebro, a la altura de la localidad navarra de Buñuel, en octubre de 2025.

El siluro está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras

Supone un peligro para la fauna autóctona porque puede superar los 2 metros y medio de longitud y los 100 kilos de peso, consume diariamente un 4 % de su masa corporal y carece de depredadores naturales. Se alimenta de peces autóctonos, anfibios, crustáceos y aves, e incluso de pequeños mamíferos.

Su voracidad destruye el equilibrio de los ríos y pone en riesgo de desaparición a muchas especies endémicas. Como podemos ver, es capaz de capturar palomas. Estas imágenes han sido grabadas en Miranda de Ebro, municipio de la provincia de Burgos situado en la comarca del Valle del Ebro.

Según el pescador, el ave se encontraba en el agua porque las palomas «bajan a beber en unas piedras a la izquierda. Bajan una y se tiran otras, y alguna cae porque se apelmazan».

Los siluros cazan mediante una técnica de varamiento voluntario y un ataque explosivo de abajo arriba. Utilizan sus barbillones, el oído interno y la línea lateral para captar las vibraciones en el agua y los movimientos o rastros de aceite de las plumas de las aves.

Con un movimiento ultrarrápido que dura entre 1 y 4 segundos, el pez se impulsa con fuerza hacia arriba para capturar a su presa. Atrapa al ave con sus mandíbulas, provistas de numerosos dientes pequeños y afilados, y la ahoga antes de engullirla.

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