Determinados encuentros con la naturaleza te llevan a vivir algo irrepetible por la belleza de lo que sucede frente a ti. Apenas unos segundos que quedan grabados para siempre en una secuencia que vemos una y otra vez en la que estas jóvenes perdices chukar cruzan en vuelo junto a la persona que las graba. Sus cantos y el sonido del aleteo acompañan a la imagen de los pollos pasando a poca distancia de la cámara.
La perdiz chukar (Alectoris chukar) es una de las especies de perdiz más extendidas del mundo, presente desde los Balcanes hasta el Himalaya, pasando por todo el interior montañoso de Turquía. Es pariente cercana de la perdiz roja europea, y comparte con ella la silueta robusta, el pico y las patas rojizas, y las características bandas negras que decoran los flancos. Se trata de un ave perfectamente adaptada a los terrenos áridos, rocosos y escarpados, motivo por el cual es tan habitual en la meseta de Anatolia y en las zonas de montaña del país.
¿Por qué las perdices vuelan en bandada?
Como sabemos, las perdices son aves eminentemente terrestres. Prefieren caminar, correr y esconderse entre las rocas y la vegetación baja antes que volar, ya que el vuelo les supone un gran gasto de energía y las expone ante los depredadores. Por eso, cuando finalmente alzan el vuelo, suelen hacerlo todas a la vez y en grupo.
Este comportamiento gregario responde a varias razones. La primera consiste en una eficaz defensa frente a depredadores. Un bando que despega de golpe genera confusión en el atacante: es más difícil para un ave rapaz o un zorro decidir a qué individuo perseguir cuando decenas de alas se abren al mismo tiempo. Además del aspecto defensivo, estos vuelos en grupo afianzan la teoría de la cohesión social. Las perdices viven en grupos familiares llamados bandos durante gran parte del año, especialmente fuera de la época de cría. Volar juntas mantiene la unidad del grupo.
Perdices jóvenes: cómo se distinguen y por qué aparecen ahora
Al igual que otras especies del género Alectoris, la chukar cría en primavera, y los pollos, también conocidos como perdigones, permanecen junto a los progenitores durante varios meses, formando lo que los naturalistas llaman una ronca o bando familiar. En el verano turco, con temperaturas elevadas y terreno seco, estos jóvenes ya han desarrollado casi todo su plumaje adulto hacia finales de la estación, pero conservan ciertos rasgos que permiten diferenciarlos.
Entre ellos, el vuelo del que somos testigos, algo más torpe o irregular que el de los adultos, con menos control en los virajes y generalmente más corto. El plumaje también los delata, ligeramente más apagado, sin el contraste tan marcado en cabeza y flancos. Y, como vemos, esa tendencia a volar más pegados entre sí y a depender del grupo para decidir cuándo y hacia dónde despegar.
Ver un bando numeroso de jóvenes es, además, un indicador biológico que refleja que la reproducción de la temporada ha sido exitosa.
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