El leucismo consiste en una ausencia total o parcial de la coloración en la piel y el pelo como resultado de una deficiencia en el depósito de melaninas. En la especie que nos ocupa suele aparecer un ejemplar cada diez mil, es decir, un porcentaje bajísimo que convierte a estos extraordinarios animales en fenómenos de la naturaleza.
Características del leucismo en animales
Los animales leucísticos, al contrario de lo que se comenta en muchos mentideros, no son más sensibles al sol, como sucede con los albinos. La realidad es que, al contar el color blanco con un albedo (porcentaje que refleja respecto a la radiación que recibe) elevado, se encuentra más protegido del calor que produce la luz solar.
Además, el grado de leucismo puede variar mucho desde unas manchas de distintos tamaños en cualquier parte del cuerpo hasta la totalidad del pelo o las plumas de un tono inmaculado. Es lo que le sucede a esta corza, con el cuerpo sin tonalidad, es decir, blanco.
¿Sabías que el corzo se aparea en verano pero da a luz en primavera?
Como sabemos, el celo del corzo (Capreolus capreolus) presenta una particularidad que lo distingue del resto de cérvidos europeos: mientras ciervos y gamos entran en berrea durante el otoño, el corzo desarrolla su periodo reproductivo en pleno verano, generalmente entre mediados de julio y agosto.
Este desfase se debe a un fenómeno biológico único entre los ungulados llamado implantación diferida o diapausa embrionaria: tras la fecundación, el óvulo permanece en estado latente durante varios meses y no se implanta en el útero hasta diciembre, retrasando así el desarrollo real de la gestación. Gracias a este mecanismo, las crías nacen en primavera, cuando las condiciones de alimento y temperatura son óptimas para su supervivencia, aunque la cópula haya tenido lugar meses antes.
Celo del corzo: la guía definitiva para entender su comportamiento para la temporada estival
Durante el celo del corzo, los machos adultos abandonan su habitual comportamiento discreto y solitario para delimitar y defender territorios de reproducción, marcándolos con secreciones de glándulas frontales y frotando sus cuernas contra troncos y arbustos.
Uno de los comportamientos más curiosos de esta época son los llamados «corros de brujas» o círculos de celo: rastros circulares u ochos trazados sobre la vegetación que resultan de las persecuciones repetidas del macho tras la hembra antes de la cópula. Estos círculos, visibles durante semanas en prados y claros de bosque, han alimentado durante siglos leyendas populares que los atribuían erróneamente a fenómenos sobrenaturales.
La vocalización también cobra protagonismo en el ciclo reproductivo del corzo: los machos emiten un berrido ronco y repetitivo para advertir a posibles rivales y atraer a las hembras receptivas, mientras que estas responden con un silbido agudo característico.
Los estudios de comportamiento animal señalan que una misma hembra puede aparearse con varios machos a lo largo del celo, lo que introduce competencia espermática y explica en parte la intensidad de las persecuciones observadas. Conocer estos patrones de comportamiento estacional resulta clave para la gestión cinegética y la conservación de la especie, ya que permite ajustar los periodos de veda y minimizar intromisiones durante la fase más vulnerable de su ciclo anual.
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