Solo dos años después de llegar a la zona del Arboreto de Isso, en la pedanía de Hellín, se ha encontrado a Urze sin vida en el interior de una balsa. Junto a ella, sus dos cachorros. El macho que se convirtió en su compañero, Libre, murió atropellado en una carretera cercana al territorio en el que se habían asentado.
Una lince y sus dos cachorros
Pero la hembra logró sacar adelante a la camada que había engendrado el macho. Tras esto, volvió a criar dos cachorros que la acompañaban a todos lados. Pero hace unas horas, un reconocido fotógrafo naturalista publicaba la imagen de los cuerpos sin vida de los tres felinos hinchados por haber muerto en un entorno inundado. Una trampa mortal que acaba con la vida de miles de animales silvestres y domésticos. Un terrible problema que podría solucionarse con una simple red o rampa de salida para esos animales que entran movidos por la sed.
Al estar las balsas impermeabilizadas con un grueso y resistente plástico cuya misión es que no se pierda el agua que se deposita en ellas, las rampas de acceso se limitan a eso, a acceder. Los animales que intentan salir de ellas resbalan sin remedio y muchos de ellos, los que no son descubiertos y rescatados, mueren de una manera lenta y dolorosa.

Momento de la suelta de Urze y Uryu, una pareja de linces ibéricos llevados a Hellín.
La solución es muy sencilla
«¿Cuántos animales más tienen que morir antes de que actuemos?», subraya Julián Fernández Quilez, el fotógrafo que denuncia la muerte de los linces: «Como amante de la naturaleza y fotógrafo que ha dedicado incontables horas a observar, documentar y admirar la fauna de nuestra tierra, esta noticia me ha golpeado profundamente. Me entristece enormemente saber que Urze, una hembra de lince ibérico que representaba la esperanza de la recuperación de la especie en nuestra comarca, ha perdido la vida junto a sus dos cachorros en una balsa de riego revestida de plástico, en la zona de Isso. No puedo evitar sentir una enorme impotencia. No porque haya sido un hecho imprevisible, sino precisamente porque era una tragedia que podía haberse evitado».
Y cita la sencilla solución que podría haber salvado la vida de estos emblemáticos animales: «Instalar una rampa de escape en una balsa, colocar una malla, un corcho flotante o reducir la velocidad en un tramo peligroso cuesta muy poco. Lo que no tiene precio es la vida de una especie que tanto esfuerzo nos ha costado recuperar».
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