Muchos pescadores experimentados saben que el black bass no siempre ataca porque necesite alimentarse, sino que buena parte de sus ataques responde a otros mecanismos instintivos que la ciencia lleva décadas estudiando.
¿Por qué un pez entra a morder un cigarro?
Los estudios de comportamiento de centrárquidos, familia a la que pertenece el black bass, y de peces depredadores en general muestran que el ataque puede estar motivado por varios estímulos que actúan de forma independiente o combinada. El más común es la necesidad de alimentarse. Un pez herido, cangrejos despistados, insectos grandes a su alcance, ranas... Los estudios muestran que una presa debilitada o que nada de forma irregular genera muchas más capturas que una que se desplaza normalmente.
Respuesta automática
Pero hay que considerar que muchos depredadores cuentan con un circuito nervioso que los investigadores han bautizado como predatory chase y que desencadena una respuesta automática cuando se producen ciertas situaciones que el pez percibe con sus sentidos. Esto ocurre cuando la presa acelera de repente, cambia bruscamente de dirección, intenta escapar... Es por esto que los señuelos y las técnicas de pesca que consisten en acelerar tras una pausa consiguen provocar el ataque de peces que hasta el momento se encontraban poco activos.
También ha podido ocurrir que el lance haya llevado al cigarro a «invadir» el territorio de cría de uno o varios peces. Muchos depredadores protegen sus nidos con agresividad hacia cualquier animal u objeto que lo imite y se haya acercado demasiado.
Un ataque instintivo
Debemos saber que esta especie disfruta de una visión muy desarrollada que la convierte en una eficiente depredadora incluso en aguas turbias. Esto la lleva a acercarse a inspeccionar cuando percibe algo desconocido. Y de ahí al ataque no hay mucha distancia, ya que su cerebro puede llevarla a esa respuesta automática de la que hemos hablado. El color no suele añadir relevancia a esa curiosidad, pues el movimiento, la vibración o el contraste del objeto se posicionan como valores más determinantes. En el caso del cigarro, si el pescador lo lleva a avanzar, lo detiene y vuelve a escapar, activa el reflejo de persecución. El cerebro del pez responde al movimiento antes que a la identificación del objeto.
Lo sorprendente no es que un black bass quiera comerse un cigarro, sino que su cerebro está programado para reaccionar de forma casi automática ante ciertos estímulos. Un movimiento errático, una falsa huida o la invasión de su territorio pueden desencadenar el mismo reflejo que activa cuando persigue una presa real. Por eso, en pesca deportiva, el movimiento del señuelo suele ser mucho más importante que el objeto en sí.
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