Vemos cómo uno o varios machos detectan a una hembra y comienzan una persecución a gran velocidad. La hembra reduce la marcha o se detiene para incorporarse sobre las patas traseras. Esto le permite utilizar ambas patas delanteras para lanzar rápidos golpes al macho. Si el macho insiste, vuelve a perseguirla. El ciclo puede repetirse numerosas veces antes de la aceptación de la cópula. Desde cierta distancia parece un combate de boxeo, pero esto queda lejos de la realidad. La ciencia se ha dedicado a estudiar este comportamiento para encontrar sus motivaciones y consecuencias.
No son peleas territoriales
En primer lugar, encontramos el trabajo de Lincoln (1974): Reproduction and «March madness» in the Brown Hare (Lepus europaeus), publicado en Journal of Zoology (1974). Este estudio analizó 760 liebres europeas durante todo el año para relacionar la fisiología reproductiva con el comportamiento observado en libertad. En un primer momento, intentó explicar el origen del conocido fenómeno denominado March Madness («la locura de marzo»).
Lincoln describió que durante el cortejo aparecen frecuentes enfrentamientos en los que ambos animales se incorporan sobre las patas traseras y utilizan las patas delanteras para golpearse rápidamente. Este comportamiento aparece cuando uno o varios machos persiguen a una hembra, durante la selección del compañero y también entre machos cuando existe competencia. Se probó que estos combates estaban íntimamente ligados al proceso de elección de pareja y no eran simples peleas territoriales.
La hembra selecciona al mejor macho
Desde aquí, avanzamos unos años para aterrizar en 1984, en la investigación de Holley y Greenwood, «The myth of the mad March hare», publicada en la revista Nature. Este trabajo es probablemente el más citado sobre este comportamiento. En él analizamos la conclusión de los autores, que demostraron que una creencia repetida durante siglos era incorrecta. Hasta entonces se asumía que dos machos luchaban «boxeando» para conseguir una hembra. Pero tras observar numerosas secuencias completas comprobaron que, en la mayoría de las ocasiones, quien golpea es la hembra, no el macho.
La ciencia describía este comportamiento en la hembra, que se incorpora sobre las patas traseras, lanza rápidos golpes con las patas delanteras, mantiene alejado al macho, evita una cópula cuando todavía no está receptiva y, probablemente, evalúa su persistencia y calidad como reproductor. En otras palabras, el «boxeo» forma parte del proceso de selección sexual más que de una lucha por dominancia entre machos.
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