El precinto telefónico en CyL: la descuadratura del círculo

Lo intentaron los egipcios cuatro mil años antes de Cristo. Removió, sin éxito, los elementos euclidianos de la cultura griega. Desafió todos los cálculos de las épocas modernas y esperamos —sentados— que la IA lo resuelva algún día.

Autorización de caza y gestión de precintos en la aplicación Cotos de Caza de Castilla y León

La cuadratura del círculo, la eterna utopía del hombre intentando mutar la evidencia, se ha convertido en el símbolo de la falsedad y el engaño, convirtiendo en verdad o en legal lo que es clamorosamente mentira o injusto.

El precintado TELEFÓNICO de las capturas de caza ha sido, desde el primer momento, y así lo denunciamos, un burdo intento de desprecio a la norma que regula las relaciones entre los ciudadanos y las administraciones públicas. Un imposible, tanto desde la legalidad como desde el más elemental sentido común.

Capturas de la aplicación Cotos de Caza de Castilla y León

 

Pero esas mismas administraciones, desde el poder, la soberbia o la fatuidad, crean, a veces, monstruos que, desafiando toda lógica, intentan la cuadratura de lo que va más allá de sus caprichos; esto ha ocurrido, en nuestra opinión, en los despachos de Pucela.

Atacado por la enfermedad de los «cuadradores de círculos», denominada por De Morgan (profesor de matemáticas del University College London) «morbus cyclometricus» —de los que decía «que están convencidos de que son genios incomprendidos que la ciencia oficial no quiere reconocer»—, en las orillas del Pisuerga, el círculo de la soberbia —y la ilegalidad— ha tomado forma de cuadrado.

Parecería que estos iluminados han encontrado el último dígito del número «pi» y que este ha dejado su irracionalidad para convertirse en vulgar múltiplo del número entero de su sinrazón y de sus abusos.

Han destruido el círculo de la legalidad y el respeto al ciudadano —incluidas las personas mayores y las del medio rural—, convirtiéndolo en el terreno abonado con sus excrecencias y su grosero «que se jodan», dirigido a todos los que han tenido que dejar de cazar por no disponer de un maldito «smartphone» o no saber o querer manejarlo…

Estos son los principios del padre de la criatura y de los que respaldaron y firmaron las órdenes —tres van ya— que la llevaron al Boletín…

Llega ahora la segunda parte: el descuadrado de lo absurdo, de la falacia, de la ilegalidad, de la desfachatez.

Y nos tememos lo peor.

—¿A quién se pone a deshacer el entuerto y a guardar el gallinero? ¿Acaso al padre de la criatura? Al mismo «morbus cyclometricus», pero investido esta vez como director general de todos los engañifas cuadradores de círculos del mundo mundial.

«¡Difícil me lo muestras, amigo Sancho!, que todos los hombres son reos de sus actos y la soberbia es mala consejera para desfacer entuertos».

ESNA

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