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Este corzo sufre una rareza que lo convierte en un animal único

La mandíbula de este pequeño cérvido ha sufrido una malformación que la lleva a posicionarse de manera inverosímil en su cabeza.

Corzo con la mandíbula deformada descansando en un prado verde con flores blancas

Normalmente, la parte morfológica que centra las miradas de los apasionados por esta especie es la cuerna. El corzo es un animal que puede presentar irregularidades que suman exclusividad a su trofeo, con ejemplares multipuntas, otros que destacan por el perlado y también los que se convierten en extrañezas por su color, ya sea porque su pelaje es blanco o porque domina el tono negro. Pero en esta ocasión nos topamos con la grabación de un animal deformado.

La mandíbula de este corzo no corresponde a la conformación y ubicación normal en la especie. Como ramoneador, su aparato masticatorio está adaptado a una dieta blanda y jugosa. Su dentición permanente se distribuye con una parte superior que carece de incisivos y caninos, con 3 premolares y 3 molares. En la inferior sí encontramos 3 incisivos y un canino, así como 3 premolares y 3 molares. Esto le lleva a sujetar el alimento contra una almohadilla cartilaginosa dura en la parte superior para luego desgarrarlo. Pero este ejemplar encuentra una dificultad añadida en esta crucial tarea al presentar una mandíbula tan extraña.

 

La explicación a esto la aporta Gerardo Pajares, expresidente de la Asociación del Corzo Español, en una de sus intervenciones en el foro de la entidad ante una pregunta de un socio al ver un ejemplar muy similar al que nos referimos: «Las lesiones en las mandíbulas de los corzos son muy habituales. Se deben a erosiones en la mucosa de la boca y las subsiguientes infecciones. Los corzos son ramoneadores y por ello consumidores de alimentos blandos y jugosos; cuando por distintas razones consumen alimentos más lignificados, estos pueden causar heridas en la boca por donde penetran algunos patógenos. Se producen flemones que llegan, como en este caso, a alterar la mandíbula. También, y con igual origen, son frecuentes las actinomicosis que producen un aspecto alveolar o esponjoso del hueso».

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