En vídeo

Un galguero toledano levanta del encame a una liebre ibérica con una sola oreja

Una rabona con esta misma merma fue vista por el cazador hace dos años en la misma zona. Resulta increíble que una liebre con esta limitación haya podido sobrevivir durante todo este tiempo en el campo.

Liebre ibérica con una sola oreja corriendo en un campo de cereal segado

Óscar Hernández Zarzuelo, vocal de la Federación de Castilla y León de Galgos y de la Federación Española de Galgos, publica estas imágenes en su perfil de Facebook. El cazador se ha convertido en un referente en el mundo del galgo en España y Sudamérica.

El sentido más desarrollado de las liebres es el oído

Adrián, un galguero de la comarca de la Sagra Alta, en la provincia de Toledo, envía a nuestro colaborador habitual esta grabación y le cuenta la historia de esta liebre ibérica: «Hace un par de años, mi mujer y yo vimos una rabona con una sola oreja. El 30 de junio, después de pasar dos temporadas cazando en invierno y paseando en verano sin verla desde aquel día, la hemos vuelto a encontrar en la misma zona. Nos ha hecho mucha ilusión verla de nuevo después de dos años».

 

Las liebres poseen un sentido del oído extremadamente desarrollado. Sus orejas, capaces de girar 180 grados de forma independiente, permiten a estos animales detectar depredadores a grandes distancias y determinar la dirección desde la que se aproximan. Este agudo oído compensa su pobre agudeza visual frontal.

Las orejas de las rabonas también son vitales para regular su temperatura corporal. La red de vasos sanguíneos de estos apéndices disipa hasta un 30 % del calor corporal. Actúan como un radiador biológico que evita el sobrecalentamiento.

Cuando a una liebre le falta un pabellón auricular, disminuye su capacidad de termorregulación, pierde la facultad de triangular la dirección de los sonidos y ve reducido su equilibrio durante las carreras, lo que le dificulta detectar y escapar de los depredadores.

Consecuencias de las peleas entre liebres ibéricas en época de celo

En las luchas entre rabonas, los rivales pueden infligirse daños físicos severos. Los contrincantes golpean a sus oponentes con sus fuertes patas traseras, capaces de causar lesiones internas graves o evisceraciones, y los muerden con sus dientes incisivos.

La mordedura de una liebre a otro ejemplar puede provocar heridas profundas, desgarros en la piel, fracturas óseas y lesiones oculares. Utilizan sus poderosos dientes para atacar zonas vulnerables como las orejas, el lomo y el cuello.

Compartir

No te lo pierdas

0 comentarios

Todavía no hay comentarios aprobados.

Deja un comentario

No se mostrará públicamente.

Añadir Club de Caza como fuente preferida de Google

Mantente informado con las últimas noticias de caza, pesca y medioambiente.

ACTIVAR AHORA →