Opinión

El problema no es la caza, es opinar sobre el campo sin conocerlo

Cada cierto tiempo vuelven a aparecer las mismas críticas contra la caza, impulsadas por quienes contemplan el mundo rural desde la distancia. Basta una fotografía de un bebedero, una montería o un control poblacional para que las redes sociales se llenen de comentarios que poco tienen que ver con la realidad y mucho con los prejuicios.

Jabalí en el monte al lado de un bebedero

Resulta llamativo que muchas de las voces más críticas procedan de personas que nunca han gestionado un monte, nunca han sufrido daños en una explotación agrícola, nunca han visto un cultivo completamente levantado por los jabalíes o nunca han tenido que atender un accidente de tráfico provocado por la irrupción de fauna salvaje.

Sin embargo, hablan con absoluta rotundidad sobre cómo debe gestionarse la naturaleza, ignorando que el medio rural requiere experiencia, planificación y un profundo conocimiento del territorio.

El problema no es la caza, es opinar sobre el campo sin conocerlo

 

La conservación del medio natural no puede construirse desde el desconocimiento. Los ecosistemas necesitan equilibrio, y ese equilibrio requiere gestión. Los cazadores, agricultores, ganaderos, gestores cinegéticos y guardas rurales llevan décadas invirtiendo su tiempo y sus recursos en mantener hábitats, recuperar puntos de agua, conservar caminos, colaborar en la prevención de incendios forestales, combatir el furtivismo y proteger la biodiversidad. Esa labor silenciosa apenas ocupa titulares, pero resulta esencial para mantener vivo el campo.

Uno de los ejemplos más claros es el jabalí (Sus scrofa). Se trata de una especie con una extraordinaria capacidad reproductiva. Las hembras pueden alcanzar la madurez sexual antes del año de vida cuando las condiciones de alimentación son favorables y, a partir de ese momento, reproducirse cada año. Lo habitual es que una camada esté formada por entre cuatro y seis rayones, aunque no son raros los partos de ocho, diez o incluso más crías. Además, cuando existen abundantes recursos y escasa presión sobre la población, el crecimiento puede ser muy rápido.

Esta elevada capacidad reproductiva convierte al jabalí en una de las especies cuya gestión resulta más necesaria. Cuando las poblaciones aumentan sin control, las consecuencias afectan directamente a toda la sociedad. Se multiplican los accidentes de tráfico, muchos de ellos con heridos e incluso víctimas mortales; aumentan los daños en cultivos agrícolas, olivares, viñedos y explotaciones ganaderas; se degradan hábitats naturales y se incrementa el riesgo de transmisión de enfermedades como la peste porcina africana, una grave amenaza para la ganadería porcina y para uno de los sectores económicos más importantes de España. También preocupa la presencia de enfermedades como la tuberculosis bovina o la triquinelosis, cuya prevención exige una gestión responsable de la fauna silvestre.

Pese a esta realidad, quienes exigen la desaparición de la caza rara vez ofrecen soluciones eficaces para controlar estas poblaciones. La naturaleza, por sí sola, ya no puede autorregularse en un territorio profundamente transformado por el ser humano, atravesado por carreteras, zonas agrícolas y núcleos urbanos, y con escasez de grandes depredadores naturales en muchas comarcas.

También conviene desmontar uno de los argumentos más repetidos por determinados colectivos animalistas radicales: afirmar que los bebederos se instalan para atraer a los animales y dispararles con mayor facilidad demuestra un profundo desconocimiento de la gestión cinegética. Los puntos de agua se construyen para garantizar la supervivencia de la fauna durante los periodos de sequía y benefician tanto a especies cinegéticas como a especies protegidas. Son una herramienta de conservación que utilizan gestores, propietarios de fincas, sociedades de cazadores y guardas rurales para mejorar el estado de los ecosistemas.

La caza en España está sometida a una estricta regulación. Existen vedas, planes técnicos, cupos, autorizaciones administrativas, controles veterinarios y protocolos de actuación que deben cumplirse rigurosamente. En modalidades como el rececho, el animal autorizado debe identificarse correctamente antes del disparo, abatirse conforme al permiso concedido y ser precintado inmediatamente después, garantizando su trazabilidad y el cumplimiento de la normativa. Todo ello debe realizarse siguiendo los protocolos establecidos y, siempre que sea posible, con el acompañamiento del guarda rural de caza o del gestor responsable del coto, cuya función es velar por la legalidad, la seguridad y la correcta ejecución de la actividad cinegética.

Los guardas rurales desempeñan un papel fundamental en la protección del medio natural. Vigilan el cumplimiento de la legislación, previenen el furtivismo, colaboran con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, supervisan los aprovechamientos cinegéticos y contribuyen diariamente a la conservación del patrimonio natural. Sin embargo, su trabajo continúa siendo poco conocido y, en demasiadas ocasiones, escasamente reconocido.

Criticar la caza desde un despacho o desde las redes sociales resulta sencillo. Gestionar el medio natural exige esfuerzo, responsabilidad, conocimiento y presencia constante sobre el terreno. El futuro del campo no pasa por enfrentar a la sociedad urbana con el mundo rural, sino por fomentar el diálogo, el respeto y el rigor. La conservación no puede basarse únicamente en sentimientos; debe apoyarse en la ciencia, en la experiencia y en una gestión responsable de los recursos naturales.

Porque conservar no significa únicamente proteger. Conservar también significa gestionar. Y sin gestión no hay equilibrio, sin equilibrio no hay biodiversidad y sin biodiversidad no existe un medio natural sano.

Antes de opinar sobre la caza, conviene conocer el campo. Antes de condenar a quienes lo gestionan, es necesario comprender el trabajo que realizan. El futuro de nuestra naturaleza no se construirá desde el enfrentamiento ni desde los prejuicios, sino desde el conocimiento, el respeto y la responsabilidad compartida.

 

Víctor Villalobos Torres
Guarda Rural de Caza y Pesca • Técnico en Medio Ambiente • Director de Seguridad • Presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales.

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