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Una perdiz finge estar herida para alejar el peligro de sus pollos

Se le ha asignado hasta un nombre científico. Este comportamiento de distracción es una de las estrategias antidepredatorias mejor documentadas en las aves que, como nuestra patirroja, anidan en el suelo.

Una perdiz finge estar herida para alejar el peligro de sus pollos

Hablamos del «broken-wing display» o «injury-feigning behavior» (IFB), también llamado «distraction display» (despliegue de distracción). Este comportamiento ayuda a las aves que anidan en el suelo a mejorar su éxito reproductivo, y es una de las mejores formas de atraer a los depredadores y proteger los nidos. Se ha documentado fundamentalmente en las hembras, que fingen un ala rota para alejar a los depredadores de sus crías.

El mecanismo, según la literatura clásica de Armstrong (1949) y trabajos posteriores: el ave finge tener un ala rota que le impide volar; si el depredador se deja engañar y la persigue, se aleja del nido o de las crías, reduciendo considerablemente la probabilidad de que los encuentre. Finalmente, cuando el depredador ha sido alejado del nido, el ave interrumpe su despliegue de distracción y escapa.

 

La perdiz aletea de manera compulsiva, acercándose arriesgadamente al peligro que se cierne sobre ella y sus pollos, a la vez que intenta alejarlo de ellos. Cuando esta persona mira hacia el borde del camino rural por el que camina, descubre la razón de este extraño comportamiento. Varios pollos intentan ocultarse entre la vegetación.

Un ala que cuelga sin fuerza. Un vuelo torpe, casi arrastrado por el suelo. Un reclamo que suena a desesperación. Quien se cruza con una perdiz roja en ese estado suele pensar lo mismo: este animal está gravemente herido. Y ese es, exactamente, el objetivo. La perdiz no tiene nada roto. Está actuando. Este comportamiento, lejos de ser una curiosidad aislada, es uno de los ejemplos mejor documentados de engaño animal en el mundo científico y tiene una explicación evolutiva sólida detrás.

Qué es el «ala rota»: la ciencia detrás del engaño

En etología, este tipo de conducta se conoce como despliegue de distracción por fingimiento de lesión. El mecanismo, descrito ya en 1949 por el ornitólogo Edward Armstrong, es tan simple como eficaz: el ave finge tener un ala rota que le impide volar. Si el depredador se deja engañar y la persigue, se aleja progresivamente del nido o de los polluelos, reduciendo drásticamente la probabilidad de que los localice. Solo cuando el peligro está suficientemente lejos, la perdiz interrumpe la actuación y escapa volando, sin el menor rastro de la supuesta lesión.

Es una estrategia de alto riesgo: el ave se expone voluntariamente a un depredador para proteger algo que, en ese momento, es más valioso que su propia seguridad inmediata: su descendencia.

Este patrón es habitual en aves que anidan en el suelo, como la perdiz, ya que sus nidos están expuestos a una amplia gama de depredadores y carecen de la protección que ofrece anidar en altura.

Lo que dicen los estudios científicos

La conducta de fingir una lesión no es una simple anécdota de campo: ha sido analizada con metodología científica en varias investigaciones clave.

El estudio que relacionó el engaño con la supervivencia real del nido. El trabajo de Gómez-Serrano y López-López, publicado en 2017 en la revista Behavioral Ecology, fue uno de los primeros en vincular directamente la intensidad de este comportamiento con la tasa de supervivencia del nido en una especie que anida en el suelo, aportando pruebas de que no es solo un despliegue vistoso, sino una estrategia con un beneficio reproductivo medible.

El mapa evolutivo del «ala rota» en todas las aves

El estudio más ambicioso hasta la fecha es el de Framond, Brumm, Thompson, Drabing y Francis, publicado en 2022 en Proceedings of the Royal Society B. Los investigadores rastrearon este comportamiento en toda la filogenia de las aves y lo encontraron descrito en 52 familias distintas, lo que indica que evolucionó de forma independiente en múltiples ocasiones. El equipo identificó ocho factores ecológicos que hacen más probable que una especie desarrolle este despliegue: criar lejos del ecuador, hacerlo en ambientes con vegetación densa, tener periodos de incubación cortos, disponer de poca cobertura sobre el nido, que solo un progenitor incube, que la especie ataque en grupo a los depredadores (mobbing) y que sea altricial o críe varias veces al año.

Confirmación en gallináceas emparentadas

La perdiz roja pertenece a la familia Phasianidae, el mismo grupo en el que se ha documentado recientemente este comportamiento en otras especies terrestres, como el escribano de Godlewski (Emberiza godlewskii), cuyo estudio confirmó que, en aves que anidan en el suelo y enfrentan un alto riesgo de depredación, esta defensa activa del nido cumple un papel determinante en el éxito reproductivo de la temporada.

En el caso concreto de la perdiz roja, la observación de este comportamiento está firmemente establecida en la literatura ornitológica de campo, tanto en guías especializadas británicas como españolas, aunque los estudios cuantitativos más detallados se han centrado tradicionalmente en limícolas como chorlitejos y avefrías, el grupo de referencia mundial en esta conducta.

El mismo truco en otras especies: un caso de evolución convergente

Lo más fascinante de este comportamiento es que no es exclusivo de las aves. Ha aparecido, de forma independiente, en ramas del árbol evolutivo muy alejadas entre sí, un fenómeno que los biólogos llaman evolución convergente: cuando presiones ambientales similares, crías vulnerables, nidos accesibles y ausencia de refugio producen soluciones parecidas en especies que no comparten un ancestro reciente.

Peces

El comportamiento de distracción no se limita a la tierra ni al aire. En poblaciones de espinoso (stickleback), los progenitores realizan despliegues llamativos, como excavar de forma ostensible o simular un nido falso, para desviar la atención de las amenazas lejos de los huevos.

Mamíferos

También se ha documentado en la ardilla roja americana (Tamiasciurus hudsonicus), estudiada por Long en 1993, y en el langur de Mentawai, un primate en peligro de extinción que recurre a tácticas de diversión similares para proteger a sus crías.

Reptiles

Existen referencias, aunque menos consolidadas en la literatura científica revisada por pares, a comportamientos de fingimiento de lesión en algunas especies de serpientes, como la culebra listada (garter snake).

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