Donde hay caza, hay vida

La recuperación del lince ibérico es un éxito de conservación en el que los cazadores han jugado un papel fundamental. En los cotos de caza, la especie emblemática de la Península Ibérica ha encontrado alimento y un hábitat ideal para reproducirse.

Donde hay caza, hay vida

El sector cinegético destina anualmente 31 millones de euros a proyectos específicos para la protección y recuperación de especies amenazadas. En gestión del hábitat y alimentación, los cazadores invierten más de 289 millones de euros cada temporada. A su vez, el colectivo dedica 54 millones de euros a la limpieza de montes, el desbroce de caminos y la apertura de cortafuegos para proteger los ecosistemas.

La importancia de la gestión cinegética

Víctor Villalobos Torres, presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales, defiende la labor realizada por parte del colectivo cinegético en beneficio de la fauna silvestre.

«En los últimos años se ha extendido la idea de que mantener una finca fuera de un coto de caza es la mejor forma de proteger la naturaleza. A primera vista puede parecer una decisión acertada, pero la realidad que vivimos quienes trabajamos diariamente en el medio rural demuestra que, en la mayoría de los casos, ocurre justamente lo contrario.

Como guardas rurales de caza conocemos el territorio, recorremos miles de hectáreas cada año y observamos de primera mano cómo evoluciona un monte gestionado frente a otro completamente abandonado. La diferencia es evidente. Allí donde existe gestión cinegética responsable hay vigilancia, inversión, conservación y un interés constante por mantener el medio natural en buenas condiciones. Donde no la hay, el abandono acaba convirtiéndose en el mejor aliado de quienes quieren utilizar el campo para actividades ilegales».

Dónde hay caza hay vida

 

Ceder los derechos cinegéticos no significa perder la propiedad de la finca

«Es una de las mayores confusiones existentes entre muchos propietarios. Ceder un terreno para su integración en un coto de caza no supone venderlo, regalarlo ni renunciar a ningún derecho sobre él. El propietario continúa siendo el único titular de la finca. Puede venderla, cultivarla, arrendarla, transmitirla a sus herederos o disfrutar de ella cuando desee.

Únicamente autoriza, mediante un contrato regulado por la legislación vigente de cada comunidad autónoma, el aprovechamiento cinegético durante un periodo determinado. Nada más.

Sin embargo, esa decisión tiene una enorme repercusión positiva sobre la conservación del terreno.

Una finca integrada en un coto deja de ser un espacio olvidado para convertirse en un lugar donde existe una gestión permanente.

Hay personas recorriendo caminos.

Hay guardas rurales realizando inspecciones.

Hay gestores cinegéticos supervisando el estado del monte.

Hay cazadores que conocen perfectamente cada arroyo, cada barranco y cada lindero de la finca.

Todo ello se traduce en una vigilancia continua que beneficia directamente al propietario.

Se detectan vertidos ilegales de escombros y residuos.

Se denuncian talas clandestinas.

Se descubren robos agrícolas.

Se comunican incendios forestales en sus primeros minutos.

Se localizan animales heridos.

Se identifican daños en cerramientos.

Se detectan ocupaciones ilegales.

Y, sobre todo, se combate el furtivismo.

Este aspecto merece una reflexión especial».

Los guardas rurales de caza cuidan del medio ambiente fuera de su zona de trabajo

«Muchos delincuentes creen erróneamente que una finca que no pertenece a un coto carece de vigilancia y que nadie controla lo que ocurre en ella.

Nada más lejos de la realidad.

Los guardas rurales de caza tenemos la consideración de agentes de la autoridad en el ejercicio de nuestras funciones y, conforme a la legislación vigente de cada comunidad autónoma y a la normativa que regula nuestra profesión, podemos denunciar las infracciones administrativas y los delitos relacionados con la actividad cinegética y con la protección del medio natural que detectemos dentro de nuestro ámbito de actuación.

Nuestra obligación no consiste únicamente en vigilar un coto.

Nuestra función es proteger el patrimonio natural, velar por el cumplimiento de la normativa de caza y colaborar permanentemente con la Guardia Civil, especialmente con el SEPRONA, los agentes de Medio Ambiente y el resto de administraciones competentes.

Precisamente por ello, quienes piensan que un terreno libre constituye una zona sin vigilancia cometen un grave error.

Es cierto que un terreno sin gestión suele atraer con mayor facilidad al furtivismo porque existe la falsa sensación de impunidad.

Pero también es cierto que cualquier actividad ilegal puede ser denunciada cuando es detectada por un guarda rural de caza en el ejercicio de sus funciones y dentro del marco legal que regula la actividad cinegética y la protección ambiental».

El furtivismo destruye biodiversidad

«Porque el furtivo no solo roba piezas de caza.

Utiliza lazos ilegales.

Coloca cepos.

Emplea venenos.

Realiza capturas fuera de temporada.

Dispara a especies protegidas.

Provoca sufrimiento innecesario a los animales.

Y pone en grave riesgo el equilibrio ecológico de nuestros montes.

Otro aspecto fundamental es que la biodiversidad no entiende de límites administrativos ni de linderos.

La fauna silvestre se desplaza continuamente entre unas fincas y otras.

Por ello resulta especialmente importante que los terrenos libres que lindan con cotos de caza mantengan una gestión coordinada.

Una finca abandonada situada entre varios cotos puede convertirse en un refugio perfecto para el furtivismo, para los vertidos ilegales o para actividades que perjudican no solo a ese terreno, sino también a todas las fincas colindantes.

La gestión cinegética debe contemplarse desde una visión global del territorio.

Los animales no saben dónde empieza o termina una propiedad.

El jabalí, el ciervo, el conejo, la perdiz o el zorro recorren diariamente grandes extensiones.

Lo mismo ocurre con las rapaces, los pequeños mamíferos, los reptiles y el resto de especies que forman parte del ecosistema.

Cuando existe una planificación conjunta entre propietarios y titulares cinegéticos, la biodiversidad sale beneficiada.

Se mantienen corredores ecológicos.

Se instalan bebederos.

Se restauran charcas.

Se conservan manchas de vegetación.

Se crean refugios para la fauna.

Se realizan desbroces preventivos.

Se mejoran los hábitats.

Y se consigue un equilibrio mucho más estable entre todas las especies».

Los cazadores invierten millones de euros en la conservación del medio natural

«Como guardas rurales somos testigos directos del enorme esfuerzo económico que realizan cada año sociedades de cazadores y titulares de cotos para conservar el medio natural.

Miles de euros se destinan a mejorar caminos, mantener puntos de agua, sembrar parcelas para alimentación de la fauna, reparar vallados, retirar residuos, instalar señalización, colaborar en programas sanitarios y desarrollar actuaciones de mejora ambiental que benefician a toda la fauna, no únicamente a las especies cinegéticas.

Esa inversión desaparece cuando el terreno queda completamente abandonado.

Por eso afirmamos, desde el conocimiento que proporciona el trabajo diario sobre el terreno, que donde hay caza responsable hay más vida.

Hay más biodiversidad.

Hay más vigilancia.

Hay más inversión.

Hay más conservación.

Hay más presencia en el monte.

Hay más compromiso con el territorio.

Hay más colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Hay más detección de incendios.

Hay más denuncias por vertidos ilegales.

Hay más control del furtivismo.

Hay más seguimiento sanitario de la fauna.

Y, en definitiva, hay un medio natural mucho mejor protegido».

Conservar no es abandonar; conservar es gestionar

«Desde la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales hacemos un llamamiento a todos los propietarios de fincas rústicas para que conozcan realmente qué supone formar parte de un coto de caza.

No es perder la propiedad.

No es entregar la finca.

Es participar en un modelo de gestión sostenible que favorece la conservación, incrementa la vigilancia, protege la biodiversidad y dificulta la actuación de quienes utilizan el campo para cometer infracciones y delitos ambientales.

Porque el verdadero enemigo del medio natural no es la gestión responsable.

El verdadero enemigo es el abandono.

Y quienes vivimos el campo cada día lo sabemos bien.

Donde hay caza responsable hay más vida, más biodiversidad, más fauna, más vigilancia, más inversión, más compromiso, más conservación y un futuro más seguro para nuestros montes».


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