Control poblacional de jabalí con perros: el papel de los drones y la visión térmica en la guerra contra la sobrepoblación

Durante siglos, el control poblacional del jabalí con perros ha dependido casi por completo de la experiencia del cazador, el conocimiento del terreno y el instinto de los perros. Hoy, sin embargo, esa tradición convive con una herramienta que está cambiando las reglas del juego: el dron equipado con cámara térmica. Sin sustituir el papel del perro ni la pericia del cazador, esta tecnología ha convertido lo incierto de la caza en algo infalible para el control poblacional, transformando la gestión cinegética del jabalí en muchos puntos del mundo.

Visión térmica: jabalí y perros desde dron

Un dron térmico detecta el calor corporal de los animales, lo que permite localizarlos incluso en plena vegetación cerrada, con niebla o de noche, condiciones en las que el ojo humano se topa con estas limitaciones.

Localización previa a la acción

Antes de soltar a los perros, un vuelo de reconocimiento permite saber si hay jabalíes en la mancha, cuántos son y en qué zona se concentran. Esto evita jornadas «en blanco» y concentra el esfuerzo de los perros donde realmente hay ejemplares que controlar. Vamos a ver un ejemplo muy claro de todo esto.

 

Seguridad para perros y personas

Uno de los mayores riesgos de esta modalidad es que los perros se enfrenten a un jabalí fuerte, corpulento y dotado de largos colmillos, especialmente esos machos solitarios. Ver desde el aire el tamaño y comportamiento del animal antes de la suelta ayuda a decidir cuántos perros soltar y con qué precaución, reduciendo la probabilidad de que alguno de esos canes resulte herido.

Seguimiento durante la acción

Una vez iniciada la persecución, el dron puede seguir el movimiento del grupo de perros tras el jabalí, y hacerlo a distancia, dando al cazador la información sobre hacia dónde se dirige la carrera, algo especialmente útil en terrenos de monte bajo, matorral denso o bosque cerrado, donde el contacto visual se pierde en segundos.

Recuperación de perros

Tras el lance, localizar perros que se han quedado atrás, agotados o rezagados en algún punto del monte es otra de las aplicaciones más valoradas por los rehaleros, y probablemente la que más vidas de perros salva año tras año.

Bienestar animal en tiempo real

Esta es quizá la aplicación más sensible y menos conocida fuera del sector: la cámara térmica permite al operador del dron observar en directo el desarrollo del agarre y detectar si un perro resulta herido en el mismo momento en que ocurre, sin esperar a que llegue físicamente hasta el lugar, algo que en terreno accidentado o vegetación cerrada puede llevar minutos críticos.

Ver desde el aire que un perro deja de moverse con normalidad, se separa cojeando del grupo o queda inmóvil permite avisar de inmediato al equipo en tierra, priorizar la asistencia veterinaria y, en última instancia, reducir el tiempo que un animal herido pasa sin atención. Es un argumento de peso a la hora de hablar de bienestar animal en esta modalidad, porque traslada la seguridad de la rehala de algo reactivo (actuar cuando se descubre al perro herido) a algo proactivo (saberlo en el instante en que sucede).

Gestión poblacional y sanitaria

En un contexto de expansión del jabalí y de preocupación por la peste porcina africana en el sur de Europa, censar poblaciones mediante vuelos térmicos sobre maizales y cultivos ayuda a planificar acciones de control con criterios más objetivos que la simple observación de daños.

El beneficio agrícola

Esto conecta directamente el control poblacional con un problema que afecta a mucha gente ajena al mundo cinegético: el jabalí es hoy una de las principales causas de daños en maizales, viñedos y otros cultivos en amplias zonas de España, y su población ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas. La detección térmica permite planificar acciones de control más precisas —y, por tanto, más eficaces, reduciendo la presión sobre las cosechas con menos jornadas— y traslada la conversación del terreno puramente cinegético al de la gestión rural.

Normativa autonómica: dónde está permitido el uso de visores y drones térmicos

La legislación no es uniforme en toda España y cambia con relativa frecuencia. A nivel estatal, el Real Decreto 50/2013 prohíbe con carácter general el uso de dispositivos de visión nocturna y térmica en la caza, pero la propia Ley 42/2007, de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, permite en su artículo 61.1 que las comunidades autónomas establezcan excepciones para el control poblacional de especies concretas, normalmente el jabalí, mediante planes de gestión, resoluciones de emergencia cinegética u órdenes de vedas específicas.

El resultado es un mapa nacional desigual:

Andalucía. Permite el uso de visores térmicos y nocturnos, incluidos los acoplados al arma, en la modalidad de aguardo nocturno de jabalí, dentro de sus sucesivas resoluciones de emergencia cinegética motivadas por daños agrícolas, accidentes de tráfico y riesgos sanitarios como la peste porcina africana.

Aragón. El Plan General de Caza autoriza expresamente el uso de visores térmicos y nocturnos para la caza del jabalí durante esperas y aguardos. Esta medida busca frenar la sobrepoblación y prevenir enfermedades como la peste porcina africana (PPA).

Castilla-La Mancha. Permite visores térmicos para el control de jabalí en aguardos y esperas nocturnas, con permiso específico que justifique la necesidad de gestión de la población.

Extremadura. Autoriza dispositivos térmicos y nocturnos para el control poblacional del jabalí.

Comunidad Valenciana y Región de Murcia. Fueron pioneras en permitir visores térmicos y nocturnos en zonas declaradas con sobreabundancia de jabalí, dentro del correspondiente plan técnico de caza o mediante autorización expresa.

Castilla y León. El uso está más restringido y sujeto a autorizaciones específicas dentro de su plan de gestión del jabalí, que se ha ido actualizando en los últimos años con base en declaraciones de emergencia cinegética.

Comunidad de Madrid. Una reciente emergencia cinegética por jabalí ha permitido visores térmicos acoplados al arma, y ha autorizado además medidas excepcionales por emergencia cinegética en comarcas concretas.

Cataluña. La Generalitat y la Federación Catalana de Caza subvencionan la compra de visores térmicos y nocturnos para el control del jabalí. El objetivo es frenar la expansión de la peste porcina africana (PPA) y reducir la elevada población de estos animales en zonas sensibles.

En cuanto al uso de drones para la localización de animales cinegéticos

Además de la normativa cinegética autonómica, hay dos marcos regulatorios adicionales que conviene mencionar:

Normativa de aviación. Volar un dron en España está regulado por la AESA bajo el marco europeo (Reglamentos UE 2019/947 y 2019/945). Desde 2026 solo son válidos los escenarios estándar europeos STS-01 y STS-02 para operaciones de categoría específica, tras la desaparición de los antiguos escenarios nacionales STS-ES.

Esto implica el uso obligatorio de drones con marcado de clase europeo C5 o C6 según el escenario, y ha supuesto para muchos operadores profesionales recalificaciones de pilotos y nuevos manuales de operaciones. Volar de noche o sobre terrenos con presencia de personas no informadas acarrea requisitos añadidos.

Privacidad. Grabar con cámara sobre fincas colindantes o vías públicas obliga a respetar la normativa de protección de datos e intimidad, algo que en zonas rurales con vecinos cercanos no siempre se tiene en cuenta.

Tradición contra vanguardia: dos formas de entender el control poblacional

Finalizamos con una reflexión que va más allá de lo técnico o lo legal: qué se gana y qué se pierde cuando la tecnología entra en un terreno tan ligado a la tradición oral y a la experiencia acumulada durante generaciones.

La incertidumbre como parte de la pasión cinegética. El control poblacional tradicional se basa en leer el monte: el rastro fresco, el revolcadero, la hozadura reciente, el viento y su dirección, la hora del día... El cazador de la vieja escuela decide dónde soltar a la rehala a partir de indicios indirectos y de la memoria acumulada de jornadas anteriores, sin certeza real de que haya un jabalí en la mancha hasta que los perros lo confirman con sus ladras y carreras.

Esa incertidumbre, con sus jornadas en blanco y sus sorpresas, forma también parte de lo que muchos aficionados valoran de esta actividad: no es solo un resultado, es un ejercicio de conocimiento del terreno que se construye con años pisando el monte.

El dron térmico invierte ese planteamiento. En lugar de inferir la presencia del animal a partir de señales indirectas, la confirma de forma directa antes de dar un solo paso: se ve el calor del cuerpo del jabalí en la pantalla, su ubicación exacta y, a menudo, hasta su tamaño aproximado. La decisión deja de apoyarse en la lectura del terreno para apoyarse en un dato objetivo.

Es más eficaz y más seguro, pero también traslada parte del peso de la jornada del ojo y la experiencia del cazador a la pantalla del piloto del dron. ¿Estos aparatos se convierten en una ayuda que se suma a la experiencia del rehalero o termina sustituyendo el criterio que antes solo aportaba la práctica?

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