Los niños que acudieron a la iniciativa organizada por el grupo de cazadores presidido por Fernando González aprendieron, practicaron y mejoraron su puntería con un simulador de tiro y trabajaron en equipo en una yincana. La actividad se realizó en las instalaciones de la Escuela de Las Barzanas, ubicadas en el concejo de Castrillón, en Asturias.

La educación cinegética: sembrar el futuro del campo
Víctor Villalobos, presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales, director de Seguridad, técnico de Seguridad y Medio Ambiente y guarda rural de caza, expresa su parecer sobre la polémica generada por el desarrollo de estas jornadas infantiles de iniciación a la caza.
«El proceder de ciertos colectivos y partidos políticos demuestra, una vez más, la enorme distancia que existe entre el mundo urbano y la realidad del medio rural. Quienes conocen el campo saben que la caza no es únicamente una actividad recreativa; es una herramienta de gestión, conservación y equilibrio ecológico, además de un pilar económico y social para miles de pueblos de España.
Como guarda rural y presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales, considero necesario explicar por qué enseñar a los más jóvenes qué es realmente la caza no solo es legítimo, sino beneficioso para la sociedad.

Educar no significa adoctrinar
Significa ofrecer conocimientos para que cada persona forme su propio criterio. Las jornadas dirigidas a menores no buscan enseñar a disparar por diversión ni fomentar la violencia. Su objetivo es acercar a los niños y adolescentes al conocimiento del medio natural, de la fauna silvestre, de la seguridad, de la legislación y del enorme trabajo que existe detrás de una gestión cinegética responsable.
La caza moderna está muy alejada de la imagen simplista que algunos pretenden transmitir. Hoy hablamos de censos de fauna, mejora de hábitats, control sanitario, prevención de enfermedades, reducción de daños agrícolas, prevención de accidentes de tráfico y conservación de espacios naturales.
En España existen poblaciones de jabalíes, ciervos y otras especies que, en numerosas zonas, superan ampliamente la capacidad de carga del territorio. Cuando esto ocurre, aparecen graves daños en cultivos, pérdidas para agricultores y ganaderos, transmisión de enfermedades como la peste porcina africana o la tuberculosis animal y un incremento significativo de accidentes de circulación.
La gestión cinegética evita precisamente esos desequilibrios. Es una actividad supervisada por las administraciones públicas, regulada mediante planes técnicos y desarrollada bajo criterios científicos.
Pero la importancia de la caza va mucho más allá de la gestión de la fauna.
La caza como motor económico del medio rural español
Miles de familias viven directa o indirectamente de la actividad cinegética: guardas rurales, agricultores, ganaderos, veterinarios, rehaleros, hosteleros, alojamientos rurales, talleres, taxidermistas, armerías, empresas forestales y numerosos pequeños negocios que encuentran en la temporada de caza una parte esencial de su facturación anual.
Cada cazador que viaja para practicar su afición genera riqueza en el territorio. Consume en restaurantes, duerme en hoteles rurales, compra productos locales, contrata servicios y contribuye al mantenimiento de la economía de pueblos que, de otro modo, tendrían enormes dificultades para fijar población.
La caza también supone una importante fuente de ingresos para la conservación del medio natural. Los titulares de cotos invierten cada año importantes recursos económicos en limpieza de montes, recuperación de puntos de agua, creación de siembras para la fauna, mantenimiento de caminos, prevención de incendios y vigilancia frente al furtivismo.
Muchas de esas inversiones benefician a especies que jamás serán objeto de aprovechamiento cinegético. La biodiversidad se ve favorecida gracias al trabajo silencioso que realizan miles de gestores, propietarios y sociedades de cazadores en toda España.
Resulta paradójico comprobar cómo algunas personas defienden la conservación de la naturaleza mientras rechazan una de las herramientas que precisamente permite mantener su equilibrio.
Educar a un niño en el conocimiento de la caza no significa convertirlo en cazador
Significa enseñarle de dónde proceden los alimentos, cómo funciona un ecosistema, cuál es el papel del ser humano en la gestión del territorio y por qué conservar el medio natural exige responsabilidad, esfuerzo y conocimiento.
Los jóvenes necesitan volver a mirar hacia el campo. Necesitan comprender que la naturaleza no se conserva únicamente desde un despacho o una pantalla, sino recorriendo montes, observando la fauna, respetando las normas y aprendiendo de quienes llevan generaciones cuidando el territorio.
Como guarda rural, he podido comprobar durante años que la inmensa mayoría de los cazadores son los primeros interesados en conservar el patrimonio natural. Son quienes alertan de incendios, denuncian el furtivismo, colaboran con las administraciones y participan en innumerables actuaciones de mejora ambiental.
La sociedad necesita menos prejuicios y más información. La educación cinegética forma parte de la educación ambiental y del conocimiento del medio rural. No debemos tener miedo a enseñar la realidad del campo a las nuevas generaciones, porque solo quien conoce la naturaleza puede llegar a protegerla de verdad.
El futuro de la caza dependerá de nuestra capacidad para transmitir sus verdaderos valores: respeto, responsabilidad, conservación, seguridad y compromiso con el medio natural.
Porque el relevo generacional no consiste únicamente en formar nuevos cazadores; consiste en formar ciudadanos que comprendan la importancia del campo para el futuro de España».
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