El solsticio de verano es celebrado en toda la geografía española con ritos y tradiciones ancestrales, como encender hogueras en las que se quema alegóricamente aquello que queremos dejar atrás. El origen de esta conocida celebración se vincula a ritos paganos. El cristianismo incorporó esa fecha a su calendario al celebrar la natividad de san Juan Bautista el 24 de junio.

La cazadora junto a su padre.
Una cazadora de cuna
Ania Compañ nació hace 25 años en un pueblo de Valencia. Se inició en la caza tras cumplir la mayoría de edad, pese a que se ha criado en una familia de cazadores. Antepuso finalizar sus estudios a practicar la caza. Sus primeras jornadas cinegéticas fueron al zorzal. Actualmente practica tanto la caza menor como la mayor.
Aunque las modalidades que más le apasionan son la espera al jabalí, el rececho del corzo y la montería española. Tuvo que esperar hasta el año pasado para abatir su primer cochino. Lo hizo con la mejor de las compañías, la de su padre. El jabalí más grande que ha cazado es un macho con un peso cercano a los 100 kilogramos. Este ejemplar no solo destaca por su peso, también lo hace por sus largos y gruesos colmillos.

El jabalí de la noche de San Juan
La esperista comparte con los usuarios de Club de Caza la inolvidable jornada de caza que vivió junto a su padre.
«Hace poco más de una semana supimos de la existencia de este jabalí. Vimos su silueta en las proximidades de un punto de alimento, pero no entró en plaza y se perdió en la oscuridad de la noche. A las 21:30 horas del martes nos colocamos en el puesto. Una hora más tarde empezamos a escuchar ruidos y algún tronco crujir en el monte, pero, como entraban habitualmente varios animales al cebadero, no estábamos seguros de que fuera el macho que estábamos buscando.
Transcurridos unos minutos, entró sigiloso como un gato. No lo veíamos lo suficientemente confiado, estaba muy pendiente de todo y, de vez en cuando, echaba la nariz al aire. Mientras lo apuntaba, escuchamos a más jabalíes bajar del monte; se oían rayones con sus madres. No quise esperar más, por si se volvía a ir, y apreté el gatillo de mi monotiro Bergara del calibre 308 Win. En un primer momento pensé que lo había fallado, porque no acusó el tiro. Lo encontramos sin vida a 40 metros del lugar del lance».
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