La influencia de la agricultura sobre la reproducción de las aves es uno de los aspectos que más preocupa a los conservacionistas. Entre ellos, los cazadores que, como vamos a comprobar aquí, emplean los medios más modernos para evitar esa mortalidad directa causada por la maquinaria agrícola durante la siega de forrajes, la cosecha de cereal y otras labores mecanizadas.
Diversos trabajos científicos han demostrado que las aves que nidifican en el suelo son especialmente vulnerables porque sus huevos y pollos permanecen ocultos entre la vegetación hasta fechas que a menudo coinciden con las labores agrícolas.
Las operaciones de siega, cosecha, henificación, labranza y siembra pueden destruir nidos completos, matar pollos incapaces de volar e incluso provocar la muerte de hembras incubando. Lo han constatado científicos de todo el mundo, como lo estudiado en Canadá en «Análisis mediante teledetección del impacto de los eventos de siega en la selección de hábitat del zarapito real».
Los investigadores estimaron que las operaciones mecánicas agrícolas constituyen una fuente significativa de mortalidad para numerosas especies de aves reproductoras de medios agrarios, hasta el punto de ser consideradas un factor demográfico relevante a escala poblacional.
El caso del zarapito: una de las especies más estudiadas
El zarapito real es una de las aves limícolas europeas cuya relación con la siega ha sido analizada con mayor detalle. Investigaciones recientes desarrolladas en praderas agrícolas europeas han demostrado que los zarapitos modifican significativamente el uso del hábitat tras los eventos de siega.
Los autores comprobaron que las aves aumentan su actividad en parcelas recién segadas, lo que refleja hasta qué punto las prácticas agrícolas condicionan su comportamiento reproductor y la supervivencia de los pollos.
Al mismo tiempo, numerosos programas de conservación del norte de Europa han identificado la siega temprana como una de las principales amenazas para el éxito reproductor de la especie, ya que los pollos permanecen ocultos en la vegetación durante varias semanas después de la eclosión.
Cazadores que salvan a los pollos de zarapitos
Pero en la actualidad tenemos a nuestro alcance herramientas idóneas para revertir estas consecuencias de las labores agrícolas.
Así lo presentan estos cazadores británicos: «La gestión cinegética moderna se centra tanto en la conservación y la creación de hábitats como en la protección de las aves de caza. En nuestras fincas de los Yorkshire Dales, ambos aspectos están intrínsecamente ligados.
Esta recopilación muestra a algunos de nuestros guardabosques utilizando su dron térmico para localizar zarapitos (y ostreros) en campos de heno y ensilado antes de la cosecha. Este método está demostrando ser muy eficaz y, junto con el control de depredadores y la protección de nidos, salvaguarda a decenas de aves limícolas en peligro de extinción.
Por supuesto, requiere tiempo y las condiciones meteorológicas deben ser favorables para el vuelo de los drones. Sin embargo, nuestros guardabosques están comprometidos con la tarea y en los últimos años se han vuelto muy hábiles en la localización de diminutas señales térmicas, casi imperceptibles.
No buscan reconocimiento por estos logros, pero creemos que merecen reconocimiento porque están marcando una gran diferencia en las tasas de cría en el borde del páramo y en los prados adyacentes donde muchas aves limícolas vienen a reproducirse. Enhorabuena a todos los implicados y a los agricultores que colaboran con los guardabosques para que esto sea posible».
La cosecha, una amenaza documentada para las aves esteparias españolas
En España, el ejemplo más conocido es el del aguilucho cenizo, una rapaz que instala sus nidos directamente en campos de cereal.
Numerosos estudios y programas de conservación han constatado que la cosecha mecanizada destruye nidos y mata pollos cuando la recolección se adelanta al momento en que las crías son capaces de volar.
Esta circunstancia ha obligado a desarrollar campañas específicas de localización y protección de nidos en comunidades como Castilla y León, Castilla-La Mancha o Madrid.
Investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) han señalado que, sin medidas de protección, la mortalidad asociada a la cosecha puede comprometer la viabilidad de algunas poblaciones reproductoras.
La problemática no afecta únicamente al aguilucho cenizo. Otras especies ligadas a los paisajes cerealistas tradicionales, como la avutarda común, el sisón común, la ganga ibérica, la ganga ortega o incluso la lechuza campestre, sufren los efectos de la intensificación agrícola mediante la pérdida de cobertura para nidificar, la reducción de alimento y la destrucción accidental de puestas durante las labores agrícolas.
En el caso de las aves que crían directamente sobre el suelo, la mecanización de las cosechas y la reducción de barbechos han sido identificadas como algunos de los factores que explican el fuerte declive registrado en las últimas décadas en muchas poblaciones en los campos de la Península Ibérica.
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