En vídeo

Un corzo casi se mata al chocar con una valla escapando de una motocicleta

El animal intenta dejar atrás al conductor de la motocicleta que se acerca demasiado. El golpe que recibe al impactar con los hierros lo deja aturdido en el suelo.

Corzo estampado valla metálica

Los encuentros entre animales de la fauna silvestre con conductores en vías urbanas se han disparado en los últimos años. Jabalíes, corzos y venados se adentran en vías de asfalto y entre vehículos y paseantes originando situaciones de enorme riesgo para la circulación.

En esta ocasión, los protagonistas de este impactante vídeo son un corzo macho muy estresado al verse perseguido por el conductor de una motocicleta. Coinciden en una carretera urbana, delimitada por alambradas y vallados, lo que imposibilita que el cérvido pueda apartarse del camino.

El hecho de que la motocicleta ni siquiera aminore la velocidad y se acerque al animal lo lleva a tratar de salir de allí a la desesperada. Su huida acaba con un salto contra los hierros de un vallado metálico, chocando violentamente su cabeza con los fuertes barrotes. Los huecos que dan forma a la estructura lo engañan y lo llevan a creer que puede pasar por allí. El estado en el que acaba el corzo denota una lesión craneal que lo deja, como poco, aturdido y sin poder levantarse del suelo.

 

Corzos que atacan en lugar de huir

La reacción de huida ante la proximidad de vehículos es la más común en esta y otras muchas especies de ungulados. Pero hemos sido testigos de respuestas muy diferentes, con machos que atacan a todo lo que se les acerca, ya sean coches, conductores y motocicletas. Los vimos hace poco más de un año, cuando un corzo con ‘malas pulgas’ sembraba el pánico en una carretera secundaria de Países Bajos. El enfurecido corzo obligó a un hombre a subir al capó de su furgoneta para evitar ser golpeado por sus afiladas cuernas.

A pesar de tratarse de un animal de pequeño tamaño y de belleza singular, no debemos olvidar que estamos ante una especie silvestre que lleva consigo cierto riesgo, y no solo por las puntas de sus cuernas, sino también por la fuerza que pueden adquirir sus embestidas y saltos. Sus reacciones pueden variar de un momento a otro, desconfiando de lo que lo rodea y pasando a una actitud violenta. Que se lo digan a un grupo de menores que se acercó a uno de estos machos y lo que parecía una idílica escena acabó convirtiéndose en carreras y gritos de terror. Te lo recordamos en el siguiente contenido recomendado.

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