«Big balls is back» («Bolas grandes ha vuelto»). El mote que le ha puesto el cazador que ha grabado al impresionante jabalí que visita esta baña resulta muy apropiado. El macareno entra en escena olisqueando el tronco de un joven árbol. Lo hace para cerciorarse de si otro macho se ha frotado allí para dejar su olor. Si así fuese, él haría lo mismo para tapar esa esencia y superponer la suya para dejar claro que ese territorio tiene dueño. Cuenta con unos colmillos larguísimos y gruesos, pero estos no son la parte más llamativa de su cuerpo.
Acto seguido, da la «espalda» a la cámara de fototrampeo y deja un plano nítido de sus órganos reproductores. Como todo en este ejemplar, de gran tamaño.
¿Un jabalí que padece brucelosis?
La orquitis o inflamación testicular es uno de los síntomas de una enfermedad infecciosa bacteriana considerada zoonosis, que puede contagiarse de animales a humanos, la brucelosis. En el jabalí encontramos la variedad Brucella suis, transmitida por contacto con fluidos reproductivos de animales infectados, ingestión de restos placentarios, fetos abortados o tejidos contaminados, contacto sexual durante la reproducción o contacto entre individuos en áreas de alimentación o revolcaderos.
Desde el punto de vista sanitario, el riesgo de esta enfermedad radica en que los jabalíes infectados pueden actuar como reservorio permanente de la bacteria, transmitir la infección a explotaciones de porcino extensivo o semiextensivo y también convertirse en un riesgo sanitario para cazadores, veterinarios y personal que manipula canales o vísceras.

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