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Sorprende a un zorro durmiendo en una siembra a plena luz del día utilizando un dron

Un guarda rural de caza localiza a un raposo sumido en un profundo sueño en una parcela de cereal. El sonido del dispositivo aéreo no tripulado despierta al depredador cuando se aproxima a él.

Sorprende a un zorro durmiendo en una siembra a plena luz del día utilizando un dron

Un zorro duerme entre 9 y 10 horas al día. Los animales que pasan más horas diarias durmiendo son el murciélago marrón, la zarigüeya norteamericana y el armadillo gigante, con 19,9, 19,4 y 18,1 horas.

Los raposos suelen ser animales crepusculares y nocturnos, por lo que descansan normalmente durante las horas de luz del día y se mantienen activos al atardecer, al amanecer y durante la noche.

La tecnología al servicio de los guardas rurales de caza para combatir el furtivismo

El equipo de guardas rurales del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, del que forma parte nuestro colaborador habitual Miguel Osuna, cuenta entre sus dispositivos de trabajo con un dron equipado con una cámara. Haciendo uso de este vehículo aéreo no tripulado, son capaces de vigilar una mayor cantidad de terreno.

En esta ocasión, no ha localizado a un furtivo o un ladrón, sino que ha detectado a un zorro en una parcela de cultivo. El profesional encuentra al raposo descansando en la siembra, en las cercanías de unas madrigueras de conejos. Lo graba para que las personas que no tengan la oportunidad de contemplar a diario la naturaleza puedan hacerlo desde su perfil de Facebook.

 

Un animal difícil de encontrar de día en una siembra perdida de cereal

Miguel no se limita a ejercer la labor de guarda rural de caza; también escribe poesía y artículos periodísticos.

«Apenas era un bulto sobre la tierra. Una sombra más entre el rastrojo seco de la campiña, perdida entre los colores del verano y el polvo de la cosecha. Desde el aire costaba distinguirlo. Parecía imposible que allí hubiera vida.

Pero entonces despertó. Levantó lentamente la cabeza y miró hacia el cielo. Directamente a esa extraña presencia suspendida sobre él. Sin olor. Sin pasos. Sin ruido de monte. Solo un ojo flotando en el aire.

Durante unos segundos, el zorro permaneció inmóvil, intentando comprender aquello que observaba. Las orejas tensas. La mirada fija. El instinto hablando antes que el miedo.

Y en ese instante dejó de ser un simple bulto sobre la tierra. Volvió a convertirse en lo que siempre ha sido: un fantasma del rastrojo. Uno de esos animales que llevan siglos aprendiendo a desaparecer entre la campiña para sobrevivir al hombre y al tiempo.

Porque el campo nunca está vacío. Aunque muchos solo vean tierra seca y paja cortada, ahí sigue latiendo la vida salvaje, escondida, silenciosa, observándonos muchas veces antes de que nosotros lleguemos siquiera a sospecharlo».


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