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Un lince ibérico acecha a un conejo en un majano construido por cazadores

Se llama «Tereza» y es un ejemplar nacido en los terrenos que gestiona la Sociedad de Cazadores La Serena. Gracias a la gestión realizada por este modesto grupo de cazadores, en el coto social habitan seis linces.

Un lince ibérico acecha a un conejo en un majano construido por cazadores

Según el último censo oficial publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica, en España hay 2.047 linces ibéricos en libertad. En la provincia de Badajoz, lugar donde se encuentran los terrenos que gestiona la Sociedad de Cazadores La Serena, hay aproximadamente 130 linces ibéricos.

Los cazadores son «culpables» de la recuperación del lince ibérico

La sociedad presidida por Antonio Barrios gestiona 9.000 hectáreas de campiña y monte bajo en Quintana de la Serena, municipio perteneciente a la provincia de Badajoz. La creación de 14 majanos construidos con palets de madera, con fondos propios de la sociedad, y la repoblación anual de 2.000 perdices rojas han convertido el coto de caza en el hábitat ideal para la especie emblemática de la península ibérica.

Actualmente están construyendo un núcleo de cría de conejos con bocas reducidas anti-meloncillos, subvencionado por la Diputación de Badajoz. En el coto, los linces no solo encuentran alimento: hay bebederos distribuidos y 12 charcas artificiales construidas en los terrenos de la sociedad. En verano, los cazadores proporcionan 100.000 litros de agua a la fauna.

 

El lince ibérico basa su dieta en el conejo de monte

Un ejemplar adulto necesita consumir alrededor de un conejo al día para sobrevivir. El superdepredador también incluye en su alimentación la perdiz roja, ánades reales, mamíferos de pequeño tamaño, crías o hembras de ungulados, liebres, reptiles o anfibios.

Las estrategias de caza del lince ibérico se basan fundamentalmente en la técnica de espera, el rececho y el ataque por sorpresa. El lince visita el majano en busca de los conejos que habitan en él y permanece inmóvil a la espera de que un conejo abandone la madriguera.

El lince prepara su ataque, que consiste en uno o dos saltos cortos y fulminantes para atrapar a la presa antes de que pueda huir, pero el lagomorfo se percata de su presencia y escapa del lugar. Un conejo de campo puede alcanzar una velocidad máxima de 40 a 50 km/h, similar a la de un lince ibérico.


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