El gran nido de las cornejas sirve de plataforma para el zorro. Ha conseguido trepar hasta las ramas más altas del árbol y allí está saqueando el interior del nido. Las aves intentan desesperadamente evitarlo. Para ello, usan sus armas más peligrosas: sus picos. Pero resultan insuficientes para un animal carnívoro del tamaño del zorro, que esquiva o aguanta las acometidas de los córvidos mientras se encarga de engullir todo lo que allí encuentra.
Un nido muy elevado…
La corneja cenicienta (Corvus cornix) construye su nido en la parte superior de árboles de gran altura, normalmente cerca del tronco principal o en horquillas robustas, así como en acantilados costeros o estructuras artificiales como postes eléctricos y edificios. Son estructuras voluminosas que, a pesar de elevarse muchos metros del suelo, resultan perfectamente visibles para los ojos más avezados. Y los del zorro lo son.
Y un animal anormalmente buen escalador
El problema para estas aves es que este ejemplar de raposo ha desarrollado una capacidad inusitada para trepar. Los expertos han constatado individuos de esta especie escalando troncos inclinados, subiendo árboles de corteza rugosa y de escasa altura, accediendo a ramas bajas… Pero lo que hemos visto en estas imágenes difundidas por The Irish Hunting Podcast se sale de lo normal.
Biomecánicamente, el zorro rojo presenta limitaciones para conseguir llegar tan alto, ya que cuenta con uñas menos especializadas para agarre vertical, menor capacidad motora para la rotación del carpo, una distribución corporal optimizada para carrera y salto horizontal y no para la escalada, así como una musculatura adaptada a persecución terrestre. La existencia de ramas bajas sucesivas ha podido posibilitar un salto inicial y la consecuente sucesión de impulsos y apoyos sobre otras ramas hasta alcanzar la parte más alta.


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