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Dos corzos se enzarzan en una violenta pelea: el celo se adelanta en su máxima expresión

El periodo de celo del corzo suele comenzar con el aumento de las temperaturas estivales, desde mediados de julio hasta la primera semana de agosto. Pero las disputas territoriales no llegan hasta las últimas semanas del mes de julio y los primeros días de agosto.

Dos corzos se enzarzan en una violenta pelea: el celo se adelanta en su máxima expresión

Estamos ante el único cérvido que experimenta su periodo reproductivo en verano en lugar de en otoño, como sucede en el ciervo ibérico y, poco después, con el gamo. Esto se relaciona con el aumento de horas de luz diurna o fotoperiodo y no tanto con las temperaturas. Pero esas fechas pueden sufrir alguna variación, adelantando a primavera comportamientos típicos del estío en esta especie como la fase de defensa territorial.

Los expertos en la especie lo han constatado, probando en sus conclusiones que en el ciclo reproductivo del corzo europeo las conductas territoriales y competitivas se adelantan claramente a la fase de celo propiamente dicha, apareciendo ya en primavera, varios meses antes del pico de receptividad de las hembras. Estas conductas pasan esencialmente por la delimitación territorial, marcaje del área en la que se concentra y, como vemos en las siguientes imágenes, los enfrentamientos entre los aspirantes a reinar en esos campos y montes marcados y a las hembras que consigan atraer.

 

Cuestión hormonal

Todo esto que explicamos puede incluso comenzar desde finales de febrero, coincidiendo con un claro ascenso en los niveles de testosterona en estos machos cérvidos. Algo que fue constatado en el trabajo endocrinológico de Schams y Barth, tras cuya finalización se concluyó que las concentraciones hormonales de los machos empiezan a subir ya en la segunda mitad de febrero y alcanzan niveles altos durante primavera, preparando el sistema reproductivo mucho antes del celo visible.

Peleas menos violentas

Aunque, por lo general, las observaciones de campo revelan que las confrontaciones primaverales suelen ser de menor intensidad que las que llegarán en seis u ocho semanas, con interacciones de evaluación cuando dos ejemplares se encuentran y se aproximan, persecuciones cortas, posturas laterales de exhibición e intentos de amedrentar al otro, y unas embestidas breves usando sus mejores armas, las puntas afiladas de sus cuernas.

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