Quien tuvo la fortuna de conocerle personalmente, llora su pérdida. Quien lo hizo a través de sus escritos en esta página web o en El Correo, escuchando sus emotivos y beligerantes discursos o su trabajo al frente de importantes entidades del sector, se ha tomado un tiempo para asumir el insustituible hueco que deja la marcha de Juan Antonio.

Será recordado, profesionalmente, por ser el fundador de la Asociación para la Defensa del Cazador y Pescador vascos (ADECAP) y del Día del Cazador y Pescador Vasco, que congrega año a año a unas 100.000 personas en el campo de aviación de Vizcaya, segundo presidente de la Oficina Nacional de la Caza, a la cabeza de la cual se convirtió en resorte, junto a la RFEC, de la multitudinaria manifestación que llenó el Paseo de la Castellana de Madrid en 2008 contra la Ley de Biodiversidad. Fue galardonado con el prestigioso Premio Carlos III de la Real Federación Española de Caza (RFEC) o con el Premio Miguel Delibes en 2017. En sus conversaciones sobre sus orígenes y linaje venatorio, hablaba de su abuelo, Víctor Sarasketa Suinaga, de cómo comenzó aprendiendo el oficio de artesano basculero a los 14 años, creando su propia fábrica de armas finas en 1906, llegando a ser nombrado Armero Real por Alfonso XIII.

A la derecha, José Luis Garrido, Juan Antonio Sarasqueta y Santiago Ballesteros.
Ya en 2018, Santiago Ballesteros, abogado de reconocido prestigio y siempre ligado al sector cinegético, escribió un emotivo texto sobre la figura de alguien a quien describió como «ante todo, un hombre justo». Lo reproducimos a continuación, suscribiendo todo lo que plasmó de la figura del gran cazador vasco.
«Le conocí en 2007, cuando yo era un pipiolo manchego de treinta y tres años y él un hombre recio del País Vasco e hijo del afamado armero Víctor Sarasqueta. Lo primero que le escuché hablar en una de aquellas reuniones en la calle Velázquez, donde tenía su sede la ONC, fue de organizar una manifestación y llenar de cazadores la Castellana. Pensé que estaba loco. La realidad es que el ido era yo. El 1 de marzo de 2008 los cazadores llenaron la Castellana y él hizo un discurso apasionado y brillante ante cerca de medio millón de cazadores. Fue una manifestación histórica en la que tuve la suerte de aprender al lado de personas como Juan Antonio. Lamento no haber frecuentado más su compañía y haber aprendido más de él: «cuando descubras a un hombre sabio, que tus pies desgasten el umbral de su puerta».
Juan Antonio es muchas cosas, pero ante todo es un hombre justo y, en el mejor sentido de la palabra, bueno. De él he aprendido el significado de la expresión templar gaitas. Fue premio Carlos III de la Real Federación Española de Caza, Premio Miguel Delibes y no sé cuántas cosas más. Algo tendrá el agua… Ha sido y es un maestro de maestros. Y yo humildemente me conformo y me relamo de haber podido estar a su lado y haber aprendido de un líder: generoso pero fuerte, directo y sin granujerías, de los de al pan, pan, y al vino, vino. Negociador hasta los tuétanos, con el convencimiento de que el acuerdo se cimenta en la base, de que el negocio tiene que ser para ambas partes.
Sus grandes obras son quizá ADECAP y la ONC, de la que ha estado al frente muchos años, algunos los más productivos de la historia de la entidad, liderando, pero dejando trabajar; presidiendo, pero repartiendo juego entre sus colaboradores y no acaparando protagonismo. Pienso que el mundo en general necesita más corazón y menos cabeza, más pasión y sentimiento sin colar y aderezar, y menos cálculos y maquiavelismos de medio pelo. Si algo creo que gusta de Juan Antonio es eso».
Santiago Ballesteros, 12/04/2018
Hoy, su hijo Íñigo lo despedía en redes sociales: «Gian Bego, maestro», escribía para desearle el mejor descanso en el cielo. Algo a lo que todos los que trabajamos en Club de Caza nos sumamos. Descanse en paz.
La ceremonia para despedirle se oficiará en la Parroquia Santa María de Durango el viernes a las 19 horas.