Estamos en un entorno de montaña. Los grandes rebaños pastan en ella durante los meses más cálidos. Se trata del pastoreo trashumante estival de ovejas y cabras, cuyo objetivo es aprovechar los pastos frescos de las altas altitudes.
Ovejas en altas cotas
Esta tradición tan arraigada desde la época nómada turcorromana recibe el nombre de «yaylacilik». En algunas de las zonas más altas, sobre todo en el entorno de Monte Ararat o en las cordilleras del este otomano, esta trashumancia lleva a las ovejas a más de 3.000 metros de altura. Terrenos despoblados, pero con temperaturas suaves durante el estío y con suelos de pastos verdes favorecidos por el deshielo. Además, los animales sufren una presión mucho menor de parásitos, pero también se enfrentan a peligros como las manadas de lobos.
Los lobos también acuden a la montaña en verano
De la misma manera que los rebaños, los lobos cambian las praderas bajas por los cazaderos veraniegos en altas cotas, movidos en parte por ese traslado de las ovejas y cabras. Allí encuentran más agua y la presencia del ganado vulnerable, sobre todo teniendo en cuenta los nacimientos de corderos y cabritos o los animales enfermos y débiles que quedan rezagados.
Esto pone a prueba las estrategias de protección tanto de perros como el famoso kangal turco y de los propios pastores, algunos de los cuales se equipan con la última tecnología para vigilar e incluso proteger y ahuyentar a los que amenazan a sus animales. Es el caso del conocido ganadero que vuela un dron dotado con cámara para escudriñar los alrededores de su rebaño y prever ataques de los depredadores que las pueden acosar.

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