Un oso pardo puede desplegar velocidades que alcanzan e incluso pueden superar los 50 kilómetros a la hora en distancias cortas. Algo que varía en función de la subespecie de la que se trate y del terreno por el que corra. Llega a esa velocidad punta en pocos segundos, consiguiendo así sorprender a sus presas en las primeras zancadas. No son capaces de mantenerla más allá de cien metros o poco más, pero les resulta suficiente para alcanzar a animales desprevenidos que centran sus sentidos en otras circunstancias, como estamos a punto de ver.
El oso cae sobre el rayón
Un cebadero artificial vigilado por una cámara de fototrampeo se convierte en el escenario de caza perfecto para el superdepredador. Elige el momento idóneo, cuando las hembras adultas de jabalí están de espaldas y no advierten su acercamiento. Cuando escuchan el sonido de sus pasos sobre la vegetación, las jabalinas huyen despavoridas, pero algunas de las crías más jóvenes tardan en seguirlas, lo que se convierte en la condena a muerte para una de ellas. El oso cae sobre el rayón mientras varios congéneres también de escasa edad consiguen escapar a cuenta del que se ha convertido en la cena del úrsido.
Las imágenes han sido grabadas en los campos de Bistrita, una ciudad de la región de Transilvania, en Rumanía, país que ostenta el título de contar con el número más elevado de osos pardos de Europa, con unos 8.000 ejemplares. En términos de densidad, la media se coloca en 11 osos por 100 kilómetros cuadrados. Esto supone alrededor de la mitad de la población europea.
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