Esto ha sucedido en la siguiente secuencia grabada por un pastor cuando su mastín español percibe la presencia de un chivito de rebeco entre la vegetación montañosa. La reacción del can es embocarlo de manera cuidadosa y llevarlo hasta el rebaño, en una acción que evidencia que el gran perro protector ha confundido al animal con uno de los componentes del rebaño que guarda.
Consecuencias de los encuentros entre perros y rebecos
Varios trabajos realizados sobre terrenos alpinos y carpáticos documentan que la mera presencia de perros ligados al pastoreo, como los mastines que acabamos de ver u otros canes de razas de conducción y manejo, llega a alterar el uso espacial del rebeco y aumenta su vigilancia o desplazamiento hacia cotas más altas y refugios rocosos.
Aunque estas investigaciones académicas no siempre describen el “encuentro” en detalle, sí cuantifican el efecto. Por ejemplo, investigaciones sobre uso de pastos de alta montaña muestran que los rebecos modifican su distribución cuando coinciden con ganado doméstico y dispositivos de protección asociados, incluidos los perros, alejándose de inmediato de ellos.
El perro responde a la apariencia vulnerable de la cría
Pero en la escena que hemos visto, la cría no cuenta con la fortaleza física para seguir a sus progenitores y queda atrás. Cuando el mastín la encuentra, aflora esa impronta social interespecífica, percibiendo las mismas señales de vulnerabilidad que manifiestan los cabritos: tamaño reducido, vocalizaciones agudas, conducta errática al faltarle la madre, necesidad aparente de protección… todo ello sumado a la similitud física de las crías de ambas especies.
