La paloma torcaz se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la consulta británica sobre aves cazables. Sobre el papel, la propuesta de Defra parece sencilla: incluir la especie en la lista de aves con temporada abierta y establecer un periodo de caza que protegería su reproducción. Pero parte del sector cinegético británico teme que ese movimiento acabe abriendo una puerta más restrictiva.
La consulta oficial, publicada por el Department for Environment, Food and Rural Affairs, planteaba tres líneas de cambio: retirar algunas especies de la lista cazable, ampliar vedas en otras y añadir la paloma torcaz para que tenga una veda durante el periodo reproductor. El proceso estuvo abierto desde el 23 de marzo hasta el 17 de mayo de 2026.
El temor al «caballo de Troya»
La alarma la ha explicado Shooting UK a través del testimonio de Peter Schwerdt, conocido como Mr Pigeon, un controlador de palomas que trabaja sobre unos 70.000 acres de tierras agrícolas en Wiltshire. Su advertencia no se centra solo en la temporada propuesta, sino en lo que podría venir después.

Peter Schwerdt, conocido como Mr Pigeon.
Actualmente, el control letal de la paloma torcaz para proteger cultivos en Inglaterra se ampara en la licencia general GL42. Esa herramienta permite actuar durante todo el año cuando hay daños agrícolas, sin tener que pedir una autorización individual en cada caso. La inquietud del sector es que, si se fija una veda legal cerrada, la administración pueda acabar estrechando también esa licencia general.
El planteamiento de Defra propone una temporada de paloma torcaz del 1 de septiembre al 31 de enero. BASC ha defendido, según recoge Shooting UK, una temporada más amplia hasta el 31 de marzo para incluir febrero y marzo, meses muy importantes para el tiro en dormidero. El problema jurídico es que ampliar ese margen exigiría modificar la Wildlife and Countryside Act de 1981.
Por qué esto importa más allá de la paloma
La paloma torcaz no es una anécdota menor en Reino Unido. Natural England la considera una de las principales plagas aviares de los cultivos herbáceos, y el propio debate se mueve entre dos exigencias que chocan a menudo: bienestar y conservación de aves silvestres, por un lado, y protección de cosechas, por otro.
El miedo del sector es que una medida aparentemente equilibrada acabe cambiando el principio de gestión. Es decir, que el control pase de una licencia general ágil para daños agrícolas a un sistema más limitado, con autorizaciones individuales, más burocracia y menos capacidad de reacción cuando las palomas ya están causando pérdidas.
Defra, por su parte, ha indicado a Shooting UK que reconoce la necesidad del control letal de la paloma torcaz y que no tiene planes para retirar la GL42 ni para convertir la veda en una prohibición general. Aun así, el recelo permanece porque el sector teme que la presión regulatoria avance por pasos.
La carta de FACE cambia la escala del debate
La carta enviada por FACE al Gobierno británico amplifica el asunto. Aunque la paloma torcaz forma parte del ruido más visible de la consulta, la federación europea pone el foco en otro punto: las especies migratorias no pueden gestionarse solo con datos nacionales si pertenecen a poblaciones de ruta migratoria.
FACE advierte de que las decisiones sobre sostenibilidad cinegética en aves migratorias deben tomarse con evaluaciones a escala de flyway. En su carta recuerda que especies como la agachadiza común o la focha aparecen en categoría verde en evaluaciones europeas recientes, y que otras como becada, paloma torcaz, chorlito dorado o ánsar careto no habían sido objeto de preocupación a escala comunitaria con los datos más recientes.
La idea central es clara: si una población se mueve entre países, una foto nacional puede distorsionar la decisión. Una caída local en capturas o presencia invernal puede deberse a condiciones climáticas, cambios de distribución o variaciones migratorias, no necesariamente a un problema de conservación causado por la caza.
Autorregulación frente a prohibición
FACE también defiende que la autorregulación cinegética puede ser más eficaz que una prohibición automática. Cita como ejemplo el enfoque de BASC en Reino Unido: moratorias voluntarias, límites sobre ciertas especies, retrasos en periodos de caza, recogida de datos y códigos de buenas prácticas.
Ese argumento conecta directamente con el caso de la paloma torcaz. Para los cazadores británicos, el temor no es solo perder días de caza, sino que se desprecie una gestión práctica que también protege cultivos y mantiene datos de campo. Para FACE, el riesgo europeo es que se impongan restricciones políticamente atractivas pero poco sólidas si no se evalúa la población en la escala correcta.
La consulta británica ya está cerrada y Defra analiza ahora las respuestas. El desenlace interesa fuera de Reino Unido porque marca una tendencia: cada vez más decisiones sobre especies cazables se justifican en nombre de la conservación, pero el conflicto real está en cómo se mide esa conservación, quién aporta los datos y hasta qué punto se reconoce el papel del cazador en la gestión.
El caso de la paloma torcaz en Reino Unido resume muy bien esa tensión. Puede parecer un debate local sobre una especie concreta, pero en realidad habla de algo más amplio: si la caza sostenible se regula con ciencia, escala biológica y gestión adaptativa, o si avanza hacia restricciones sucesivas que acaban desconectadas del campo.