Crónicas de caza

Padre e hijo cazan un jabalí con unos colmillos enormes en una jornada tras los corzos en el Pirineo aragonés

Se llaman José Manuel y son compañeros inseparables de caza. Padre e hijo que más parecen hermanos por los pocos años que les separan. Algo ideal para compartir muchas pasiones. Entre ellas, y sobre ellas, la caza.

Padre e hijo cazan un jabalí con unos colmillos enormes en una jornada tras los corzos en el Pirineo aragonés

Comenzaron a compartir jornadas de menor a la perdiz, el conejo o el zorzal, pero el hijo pronto se vio seducido por la caza mayor. Monterías y sobre todo aguardos en su Andújar natal le llevaron a descubrir los recechos de corzo por varias regiones de la península ibérica. El último, en las montañas norteñas del Pirineo aragonés. Una jornada inolvidable que fue llevándoles, sin saberlo, a descubrir a un excepcional ejemplar de jabalí en un valle de este idílico entorno natural.

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Hoy hablamos con José Manuel Iniesta hijo, que puedes encontrar en Instagram como jose.ini_hunt. Nos atiende para contarnos cómo acabaron recorriendo más de 700 kilómetros para, tras una carambola del destino, fijar en la mira de su rifle el codillo de un jabalí que lucía unos colmillos de 9 y 12 centímetros por fuera de su boca. El joven cazador, con tan solo 31 años, nos cuenta que el pasado verano acudió a la zona a disfrutar del verano pirenaico.

Se enamoró de aquellas montañas y valles y decidió regresar durante la temporada corcera. Y así lo hizo el pasado puente del primero de mayo. Acompañado, como siempre, de su padre, que fue quien disparó al jabalí. Porque estos cazadores inseparables disfrutan más viendo disfrutar al otro que cuando lo hacen ellos mismos.

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Padre e hijo junto al colosal jabalí abatido.

La mejor mala suerte

En el calendario, ambos tenían marcado en rojo el puente que dio inicio al mes de mayo. Por temas laborales les fue imposible cambiarlo a otra fecha, a pesar de que sabían que el tiempo no sería el ideal. La mañana del rececho llegó con una niebla muy densa. Aun así, lo intentaron. A 2.000 metros de altura las nubes bajas no les dejaban ver más allá de 60 metros, por lo que, tras esperar un tiempo que se les hizo eterno, decidieron bajar un poco y probar en las praderas y campos de aquel entorno.

Allí la niebla era mucho menos densa y permitía ver a buena distancia. Así que comenzaron a avanzar por aquellos campos. En el segundo, fue José Manuel hijo el que vio al jabalí. Tras observarlo, los guías se cercioraron de que se trataba de un macho adulto con buen trofeo y les invitaron a realizar una entrada que enseguida aceptaron.

A 40 metros del monstruoso jabalí

Se colocaron a solo 40 metros del macareno y el padre aceptó ser el que disparase. La detonación y la caída del desprevenido jabalí, que se afanaba en comer hierba, fue algo casi simultáneo.

Cuando llegaron hasta su cuerpo ya sin vida, la sorpresa al descubrir la anchura y, sobre todo, la longitud de los colmillos fue mayúscula. El rececho de corzo les llevó a conseguir un jabalí sobradamente medallable que se convertirá en uno de los más recordados de sus vidas. Calculan que el ejemplar pesaría unos 80-90 kilos. «Es un jabalí estilo arocho, pequeño de cuerpo y boca grande, con el pelaje de invierno aún. Los colmillos medían por fuera de su boca 9 y 12 centímetros. El más largo, debido a una amoladera con el pico partido que lo desgastaba menos», nos cuenta el cazador jienense.

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El corzo que consiguieron recechar en un momento en el que bajó la niebla.

Tras los corzos

Pero la suerte no acabó ahí. La niebla comenzó a abrir y les permitió ir tras los corzos pirenaicos. Esto les posibilitó que pudieran escudriñar un barranco y allí descubrieron al próximo objetivo, un corzo de cuerna simétrica, gruesa y perlada. Lo valoraron rápido porque las nubes iban y venían. Precisamente poco después de decidir intentar el acercamiento, volvió la densa capa de niebla. A pesar de ello, decidieron coronar y esperar una oportunidad. Y así se sucedieron los acontecimientos. En esta ocasión, José Manuel hijo encaró su rifle, un Benelli Lupo en calibre .308 Win., equipado con un visor Leupold VX5 HD 3-15x56. Dentro del arma, balas Norma TipStrike. El cazador nos cuenta esto de su equipo de caza en rececho: «Todo lo que he tirado con él, más lejos, más cerca, me ha funcionado muy bien y los animales suelen quedar en el sitio o caer tras moverse escasos metros». Lo mismo sucedió con este corzo, disparado a 160 metros.

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Padre e hijo tras una provechosa montería en Jaén.

Un lance a un jabalí inolvidable, compartido con su padre en el Pirineo aragonés

@jose.ini_hunt y su padre nunca olvidarán esta jornada. Estaban recechando corzos a 2.000 m de altitud cuando la niebla les obligó a cambiar de plan y moverse a otra zona, entre prados escondidos en el inmenso bosque del Pirineo aragonés.

Durante el rececho, apareció un gran jabalí de la nada, como un fantasma inesperado. Les dio opción de jugar el lance y, al ver que era un gran macho, no lo dudaron. Tras una entrada preciosa, con el aire de cara, lograron acercarse hasta unos 40 metros.

El padre de @jose.ini_hunt ejecutó el lance a la perfección y el jabalí quedó en el sitio. La sorpresa llegó al acercarse: una boca impresionante, con dos colmillos largos y anchos asomando a los lados.

El broche perfecto a una jornada inolvidable: caza auténtica y salvaje, en un rincón único, compartida entre padre e hijo… y con un jabalí de este calibre. Poco más se le puede pedir a la caza.

 


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