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Un ternero se defiende a coces del ataque de los lobos

Vacas y terneros intentan repeler a los depredadores, que centran sus acometidas en los miembros más jóvenes y, teóricamente, débiles del rebaño. Pero uno de los terneros demuestra que no será presa fácil.

Un ternero se defiende a coces del ataque de los lobos

La estrategia de los dos lobos resulta muy clara: persiguen a uno de los terneros para separarlo de los adultos. Pero no les funciona, al menos en el lapso de tiempo que dura la grabación de alguien que lo observa todo y se limita a sacar su móvil y dejar constancia del ataque.

Las vacas defienden a los terneros

Las vacas de mayor tamaño corren a arropar a la cría, que escapa de los cánidos salvajes y se aleja en varias ocasiones. Es lo que esperan los atacantes. Pero enseguida el retoño vuelve junto a su madre y otras vacas, lo que hace recular a los lobos. En una de estas situaciones tan peligrosas para el ganado, los depredadores alcanzan a su presa, pero esta resuelve coceando con sus patas traseras. Una defensa que lo salva una vez más de la insistencia de los carnívoros.

 

Una coz capaz de lesionar gravemente al lobo

Esa coz se convierte en la mejor arma de estos animales. Su potencia deriva de la extensión explosiva de las articulaciones de la cadera, la rodilla, sumadas a la del corvejón. En bovinos jóvenes, la masa efectiva que participa en el golpe (la parte de la extremidad + aceleración del tronco) puede equivaler, grosso modo, a 15–30 kilos de masa dinámica para un ejemplar de unos 170 kilos.

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Momento de la grabación en la que el ternero intenta cocear al lobo que lo ataca por detrás.

Si esa masa alcanza velocidades de impacto del orden de 6–10 m/s (plausibles en una patada defensiva rápida), la energía cinética podría oscilar entre 600 y 1.500 julios, lo que se convierte en un golpe fortísimo capaz de fracturar costillas, provocar contusiones severas, lesionar la mandíbula o extremidades si impacta de lleno en ellas y, como mínimo, de aturdir o desorientar a un depredador mediano como un lobo. Esto, sumado a que un ternero en huida puede lanzar esta coz sin reducir la velocidad, se convierte en un añadido para el depredador que lo persigue, dejando escaso margen de reacción para esquivarla.

 


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