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Una becada enseña a ‘bailar’ a sus polluelos

El extraño baile acompasado que realiza esta ave migratoria es imitado por los cuatro pollos que la siguen al cruzar un camino.

Una becada enseña a ‘bailar’ a sus polluelos

Resulta apasionante observar cómo los pollos de becada, de pocos días de edad, imitan el movimiento de vaivén que ven realizar a su madre. Analizando este movimiento, lo desgranamos en un balanceo corporal en el que la cabeza se mantiene más o menos fija mientras el resto de su anatomía se moviliza rítmicamente hacia delante y hacia atrás, como ya indicó Marshall en 1982.

En cada paso, levanta la pata delantera, la posa en el suelo y pivota sobre ella para rebotar. Acto seguido, levanta la pata trasera para repetirlo todo. Pero, ¿por qué las becadas hacen esto?

 

Algunos investigadores especializados en estas aves han asegurado que el fenómeno del «baile de las becadas» aparece de manera individual, no constando registros de estos comportamientos desarrollados en coordinación consciente entre dos o más aves. Pero aquí vemos un total de cinco realizando este ritual, en una sesión de aprendizaje destinada a que los pollos aprendan esa manera de moverse. Entre las posibles explicaciones del baile de la becada, encontramos una estrategia de caza y una comunicación corporal con potenciales depredadores.

¿Localizando lombrices en el subsuelo?

La localización de presas podría explicar este «zapateo». La hipótesis se basa en que, al golpear el suelo o al mecerse sobre él se inducen vibraciones que llevan a salir a las lombrices de sus escondites, facilitando su detección.

Esta ha sido la teoría tradicional de los primeros observadores del fenómeno, pero hoy cuenta con escaso apoyo. Precisamente por factores como el que nos ocupa, ya que se ha observado el balanceo sobre asfalto, nieve u otras superficies sin vida, donde no viven lombrices que atraer. Además, las pisadas suelen ser suaves, apenas tocan el suelo, por lo que no generarían fuertes vibraciones.

Disuasión de depredadores

Esto nos dejaría una hipótesis más respaldada por la ciencia y los expertos ornitólogos y biólogos. Se resume en la propuesta de que el balanceo sería una señal corporal dirigida a predadores potenciales: el ave mira directamente a la amenaza y se mueve de esta extraña manera para indicarle que lo ha visto, comunicando que sería inútil un ataque al estar prevenida o que atraparla requeriría demasiado esfuerzo.

Este modelo se asemeja a comportamientos de otras especies como, por ejemplo, algunos antílopes, que realizan saltos verticales para mostrar su agilidad ante los depredadores que los acechan. Algo propuesto por, entre otros, Heinrich, que asegura que las becadas solo se mecen cuando se sienten observadas, en entornos abiertos cuando se encuentran expuestas y nunca en el bosque.

 


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