Los campos de maíz de Valle Medio, en Argentina, sufrían las incursiones de un voraz ejemplar que dejaba grandes extensiones destrozadas. Pero nadie imaginaba que se trataba de una bestia de 170 kilos de cuya boca asomaban 12 centímetros de colmillo.
El cazador, junto a su compañero Guido Viñas, acudieron a la llamada: «Siempre me llaman de campos y maizales para que les libre de estos animales, que son muy destructivos para la producción», explica Walter a la redacción de Club de Caza.

12 centímetros sobresalían los colmillos de la boca del jabalí.
La cacería, en espera, resultó muy fructífera y terminó con un disparo certero en el imponente cuerpo del cochino, que llevó la aguja de la báscula hasta los 170 kilos, muy cerca del récord del jabalinero, que asegura que está en los 180 kilos de otro monstruoso ejemplar cazado en similares circunstancias. Algo cada vez más habitual en una zona del planeta en la que los suidos silvestres no cuentan con depredadores naturales y solo pueden ser controlados por la labor de cazadores como Walter.
