Almería

Una perdiz roja silvestre sucumbe ante los encantos de un reclamo que lanza su llamada al campo sobre la palma de la mano de un guarda rural de caza

El protagonista de estas bellas imágenes es Candelero, un reclamo de perdiz roja nacido en cautividad. Es hijo de los pájaros de granja de Juan Carlos Rubio y logra, con su canto, atraer a una pájara que no se encuentra emparejada.

Una perdiz roja silvestre sucumbe ante los encantos de un reclamo que lanza su llamada al campo sobre la palma de la mano de un guarda rural de caza

La caza de la perdiz con reclamo fue declarada Bien de Interés Cultural en Andalucía en septiembre de 2025, inscrita como Actividad de Interés Etnológico por la Junta. Esta figura protege la tradición oral, los conocimientos naturales y la artesanía asociada a esta práctica histórica.

La Asociación Nacional del Arte de la Caza de Perdiz con Reclamo reunió el sábado a más de 1.200 reclamistas en el VI Encuentro Nacional de Cazadores de Perdiz con Reclamo, celebrado en Santa María del Águila. La asociación y los cazadores asistentes donaron 1.666 € a la Fundación Martín Álvarez Muelas y otro cheque del mismo importe al hijo de un reclamista que padece una enfermedad rara.

 

El encantador de perdices rojas

Juan Carlos Rubio tiene un don que le permite crear un vínculo especial con todo animal que llega a sus manos. Esta ave, a diferencia de Copito, Camarón y El Cigala, no ha sido adiestrada por el guarda rural desde que era perdigón.

El profesional consiguió ganarse su confianza cuando el pájaro contaba con seis meses. El reclamo de perdiz roja más mediático de Juan Carlos es Camarón. La patirroja influencer ha participado en varios programas de televisión de carácter generalista.

Amor a primera vista entre dos perdices rojas

El pollo nacido esta temporada acompaña a Juan Carlos en una de sus patrullas de prevención del furtivismo en uno de los cotos que gestiona en la Sierra de los Filabres.

En una de las paradas del guarda para examinar una zona del acotado, el reclamo sorprende al almeriense lanzando su llamada al campo. A su canto responde una hembra de campo. La pájara apeona hasta el lugar en el que se encuentran Candelero y Juan Carlos. Según el guarda, «hay historias que no se explican. Se sienten. Un flechazo a primera vista. Candelero canta en mi mano, y su voz parece atraer a alguien. De entre la vegetación aparece una perdiz de campo, libre, atenta, conectada por algo invisible con el reclamo. No es casualidad. Es conexión».

 


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