Antes de que llegue la época de celo, a partir del mes de julio, los machos de corzo pasan por una fase preliminar en la que dejan de tolerar a otros congéneres del mismo sexo. Su comportamiento se torna agresivo con el objetivo de comenzar a delimitar su territorio.
Corzos formando su territorio
Los estudios sobre el celo del corzo han revelado que este no aparece de manera brusca, sino que llega precedido por unas semanas de transición. Esto es lo que explica que desde principios de abril e incluso en días de marzo hayamos podido disfrutar de secuencias de peleas entre estos animales . Las señales de este dilatado proceso comienzan cuando los ejemplares de esta especie comienzan a modificar los usos que llevan a cabo del territorio por el que se mueven. Señalan con su olor , a través de rascados y frotamientos , los límites del mismo, lo cruzan de extremo a extremo en un patrullaje casi obsesivo, lo que lleva a provocar más contactos entre congéneres.
No les importa que los observen
Los machos se encuentran tan inmersos en la pelea e intentando imponerse para echar de allí al contendiente, que apenas prestan atención a los seres humanos que han escuchado a escasos metros de su posición. Al contrario, tras el susto inicial, tan solo se alejan unos pasos y continúan con el ritual de enfrentamiento hasta que llega el contacto, el entrechocar de cuernas que finalmente decide al vencedor mientras el otro, el vencido, corre para no sufrir daños físicos.
