Una montería solidaria se ha convertido en un espaldarazo económico para una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la atención integral de niños y jóvenes con parálisis cerebral y otros trastornos neuromotores, desarrollando terapias especializadas que mejoran significativamente su calidad de vida.
Montería solidaria
La cacería reunió a 180 participantes en un ambiente marcado por la convivencia, la tradición y la responsabilidad. Se organizaron 85 puestos, de los cuales 35 fueron ocupados por padres e hijos, otorgando un protagonismo especial al carácter familiar y formativo del evento. Este formato permitió compartir una jornada en el campo entre generaciones, fortaleciendo los lazos familiares y fomentando valores como el respeto por la naturaleza, la seguridad, la ética cinegética y el compañerismo.
Uno de los aspectos más destacados fue la notable participación de jóvenes cazadores, tanto en los puestos como en las 11 rehalas asistentes. En muchas de ellas, los perreros y rehaleros eran jóvenes, lo que refleja el relevo generacional existente en la actividad cinegética cuando se crean espacios para su implicación activa.
Desde ATICA se ha subrayado la importancia de impulsar iniciativas de este tipo, que faciliten la incorporación de nuevas generaciones y contribuyan a garantizar la continuidad de una actividad estrechamente vinculada al medio rural, la gestión sostenible del territorio y la conservación de la biodiversidad. En este sentido, la Junta Directiva de ATICA ha destacado que «esta montería demuestra que la caza puede ser también una herramienta solidaria y de unión social, capaz de implicar a distintas generaciones en torno a valores positivos y al compromiso con quienes más lo necesitan».