Temporada corcera

Los corzos grandes, al principio de la temporada

Una de las cosas más curiosas de los corzos grandes es que llegado mayo ya no hay quien los vea hasta julio o a lo sumo alguna vez en septiembre. Parece como si la tierra se los tragara y más de uno piensa que ya se lo han apiolado los furtivos. Lo cierto es que los corzos de 5 o 6 años son los más resabiados del coto, ya que llevan a sus espaldas unas cuantas temporadas de tiros y el que ha sobrevivido es porque sabe cómo evitar esos «recados».

Los corzos grandes, al principio de la temporada

La edad media a la que se matan los corzos machos en España suele estar entre los 2 y los 4 años, siendo raro que algún macho pase de esa edad. ¿Por qué ocurre esto? Lo cierto es que no dejamos que los animales cumplan años y, cuando ya los tienen, son ellos los que nos dejan con las ganas.

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Los corzos, cuando ocupan un territorio, repiten en él casi hasta el final de sus días. Tan solo aquellos machos que han conseguido llegar a viejos, es decir, con más de 7 años, puede que sean desplazados de su territorio, pero lo habitual es que un corzo residente muera o lo cacen dentro de sus límites. Así que no es raro ver todos los meses previos a la temporada, en el mismo lugar, a ese macho tan especial y que, cuando queremos ir a por él, ya no lo veamos.

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Territorios y machos viejos

Entre marzo y primeros de abril, los corzos dedican una parte importante de su tiempo a recordar a los vecinos quién es el dueño de un territorio, en el caso de los viejos residentes, y a marcar con frenesí su nuevo dominio, en el caso de los machos recién llegados o de los que por fin ya pueden acceder a un hueco dejado la temporada anterior por otro macho.

Eso los tiene recorriendo y marcando las fronteras exteriores de sus dominios, y los expone en la mayoría de los casos a los cazadores. Pero, una vez que ya queda claro dónde está cada cual, esos machos residentes de varios años buscan la parte de su territorio en la que se saben seguros y que se conoce como zona principal.

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La zona principal

Por supuesto, es la más espesa y la de peor acceso, y por ello muy complicada de cazar. Además, los machos cambian sus hábitos de forma radical en cuanto la primavera asoma con un poco de fuerza, lo que los mete en lo más espeso del monte.

La única forma de meterles mano es dedicando un especial esfuerzo en los primeros días de la temporada. Por eso, debemos conocer dónde están esos territorios con antelación, bien porque hemos hecho una prospección en las semanas previas o bien porque ya sabemos de su existencia de temporadas anteriores.

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El verdadero reto del corcero

Si no podemos con ellos en esos primeros quince días, habrá que conformarse con otros machos nuevos con menos experiencia o esperar al celo, cuando vuelvan a bajar la guardia.

De nada vale intentar dar con ellos en las zonas abiertas donde solían salir en marzo o abril; ahí solo estarán las hembras de siempre y algún machejo periférico, de esmirriada cuerna y corta edad.

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Cazar machos maduros es el verdadero reto de todo corcero que se precie, y eso requiere una especial dedicación y dejar pasar otras oportunidades al principio de la temporada, lo que no resulta nada fácil.

Para los que no tengan agallas ni aguante para dedicarles el tiempo que esos machos se merecen, a tirar a lo que salga, que a veces suena la flauta en forma de macho excepcional, pero las más de las veces serán rechones de 2 a 3 años de edad, todavía por hacer.

 

Fotos: Antonio Adán Plaza

 


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