A cámara lenta tenemos la oportunidad de «saborear» esta secuencia de caza. El perro de muestra decide romperla para empujar a la becada a arrancar en vuelo. Para ello, entra en el matorral donde se oculta el ave. Allí consigue su objetivo, regalándole al cazador un lance inigualable en el que la migratoria cruza a escasos centímetros del extremo del cañón de su arma.
El vuelo de escape de la becada
En estas imágenes observamos cómo la becada deja atrás al perro en una arrancada poderosa que se catapulta gracias a unos músculos pectorales de gran tamaño, atendiendo a sus dimensiones corporales. Esto les permite a las pitorras batir sus alas con potencia suficiente como para elevarse varios metros en escasos segundos y maniobrar en lo que los expertos han denominado como «protean escape behaviour» o comportamiento de escape impredecible.
Esta estrategia de escape la despliega ante el acoso de sus depredadores más usuales, como son algunos mamíferos carnívoros, como zorros o lobos, mustélidos, rapaces forestales como el gavilán, el azor o algunas especies nocturnas, así como los humanos y sus perros.
En este sentido, el vuelo de escape de la becada es uno de los comportamientos más estudiados desde el punto de vista etológico porque combina maniobrabilidad extrema, imprevisibilidad y adaptación al bosque denso en el que habita la mayor parte de su vida activa. Varios trabajos de ecología del comportamiento han concluido que se basa en dos rasgos muy característicos:
- El zigzag irregular tras el despegue.
- El despegue vertical breve seguido de «aplanamiento» del vuelo.
Si el entorno así lo exige, la becada iniciará un despegue vertical para el cual usa la máxima potencia inicial, transformando esa energía proveniente de sus pectorales y alas en altura inmediata. Esto consigue dejar atrás de manera efectiva a los depredadores terrestres al elevarse entre 2 y 5 metros para, acto seguido, iniciar avances describiendo trayectorias en zigzag horizontal que le permiten pasar entre el arbolado.
La consecuencia la conocen bien los cazadores becaderos: en pocos segundos, el ave desaparece visualmente al quedar camuflada o cubierta por el bosque.