El pasado 28 de febrero, la edición digital de el periódico El País incluía una entrevista a dos jóvenes cazadores para ahondar en un tema muy de actualidad después de que el Ministerio de Juventud e Infancia del Gobierno de Pedro Sánchez anunciase su intención de prohibir el acceso a la caza a los menores de edad. Pero el resultado no gustó a sus protagonistas. Hoy hablamos con Ana González, una joven cazadora que comparte su pasión en redes sociales y que fue la elegida por el diario nacional para lanzarle sus cuestiones.

P. En el titular de la entrevista leíamos algo así como «Licencia para matar desde los 14». También lo hemos leído en otra edición el titular menos agresivo, pero igualmente reduccionista «Licencia para disparar». Ana, ¿crees que la caza se puede reducir a lo que refleja El País?
R. En el titular físico utilizaron la palabra «matar», mientras que en el digital utilizaron «disparar». Ninguna de las dos representa lo que es la caza. La palabra correcta habría sido cazar, porque la caza es mucho más que un disparo: es tradición, respeto, conocimiento del campo, gestión de la fauna, seguridad, aprendizaje y pasión por la naturaleza.
Reducirla a términos sensacionalistas da una visión muy limitada y distorsionada de una actividad que forma parte de la vida de muchas familias rurales.
P. ¿Crees que se han dejado de lado aspectos importantes que quisiste reflejar?
R. Sí, se dejaron fuera muchos aspectos fundamentales. Cuando acepté que me acompañaran al campo, fue precisamente para mostrar cómo se vive realmente la caza, y más a fondo esta jornada: la preparación, cómo funciona una montería, la conexión que sentimos con el campo, la fauna salvaje y los perros.
Y, sobre todo, quería que se viera el compañerismo, la unión y el respeto que se respira en estas jornadas. Todo eso forma parte de la caza y de la vida rural, y es algo que no apareció reflejado en el artículo.

P. ¿Qué explicaste en esa entrevista que no se ha entendido por parte de quien la ha publicado?
R. Intenté explicar que la caza no consiste en salir al monte a disparar sin más. Es una actividad completamente regulada por leyes estrictas, con temporadas, cupos y especies concretas. No cazamos lo que nos da la gana.
También quise transmitir que estas experiencias permiten un contacto directo con el campo, la caza y los veteranos, y que es precisamente a través de este contacto como se obtiene información real y valiosa sobre cómo funciona realmente este mundo.
Me enfoqué mucho en que es muy importante que los niños y jóvenes puedan conocer esto, que sean conscientes de cómo funcionan las cosas y por qué es tan importante. Que entiendan de dónde viene la carne, los alimentos, los vegetales y los animales.
Mi familia es tanto agricultora como cazadora, y gracias a ello he podido aprender y valorar profundamente cómo se producen los alimentos y cómo se gestiona la naturaleza con respeto y responsabilidad.
Todo esto no solo enseña conocimientos técnicos: transmite valores, genera respeto por la naturaleza y permite formar personas conscientes y responsables.
P. ¿Crees que ha habido una intención de manipular lo que expresasteis durante la entrevista? Si es así, por favor, incluye la/s pregunta/s y las respuestas que deberían aparecer
Más que manipulación directa, creo que se eligieron palabras y titulares que yo nunca empleé, y que transmiten una visión completamente distinta de la caza. Cuando seleccionas ciertos términos para un titular, estás construyendo una percepción concreta, y en este caso no refleja nuestra experiencia real ni lo que intenté transmitir.
«Si hubiese sabido lo que se iba a publicar, me habría negado a su publicación»
P. ¿Qué es lo que más te ha indignado de lo que acabó incluyéndose en el texto?
R. Lo que más me dolió fue ver palabras que yo nunca dije, titulares sensacionalistas y un enfoque que da la impresión de que la caza es violencia o algo negativo. Siento que hayan utilizado mi imagen para hacer un artículo sensacionalista. En mi día a día, en mis redes sociales, intento mostrar cómo es realmente la caza, cómo la vivo y cómo la he vivido desde pequeña.
Si hubiese sabido lo que se iba a publicar, me habría negado a su publicación. No estoy de acuerdo con lo que se ha publicado porque creo que puede afectar a cómo se percibe la caza y a la visión que la sociedad tiene de nuestra tradición y de nuestro vínculo con la naturaleza.
Ver cómo se distorsiona algo que forma parte de mi vida, de mi familia y de mis valores me genera preocupación, tristeza y la sensación de que debemos defender la verdad sobre lo que significa la caza.
P. Nos dices que el tema merece contarse reflejando la realidad, mostrando cómo se vive la caza realmente y cómo titulares sensacionalistas dan una visión equivocada de nuestra actividad.
R. La caza no se puede entender solo desde un titular o desde fuera. Para quienes hemos crecido en el campo, la caza forma parte de nuestra vida: madrugar, caminar por el monte, aprender de los veteranos, compartir momentos con familia y amigos y respetar profundamente la naturaleza. Incluye responsabilidad, disciplina, conocimiento del medio y respeto por las normas. Todo está regulado dentro de un marco legal y de gestión sostenible. Por eso creo que mostrar toda la realidad es fundamental, no solo un fragmento sensacionalista.

P. Hablemos de la caza en los menores de edad, ¿cómo recibes la noticia de que el Gobierno pretenda prohibir a los menores de 18 años el acceso a cualquier actividad cinegética?
R. Me preocupa profundamente. Creo que es muy importante que los jóvenes tengan derecho a decidir si quieren conocer la caza, siempre acompañados por adultos responsables. Este contacto temprano es clave para aprender, observar y comprender cómo funciona el campo. Acompañar, escuchar a los más veteranos, entender las normas y la gestión del monte permite crear una conexión real con la naturaleza, y también entender el origen de los alimentos que consumimos. Cuando comienzas desde joven, no solo adquieres experiencia: creas un vínculo con el mundo rural, aprendes valores y te formas como persona consciente y responsable.
Prohibir esto sería romper un aprendizaje que lleva generaciones, y que permite a los jóvenes crecer con conocimiento y respeto por el entorno.
P. Tú, como miles y miles de jóvenes, empezaste en el mundo de la caza muy joven. Háblanos de tus inicios.
R. Mis primeros recuerdos están acompañando a mi padre y a mi abuelo al monte. Desde pequeña, el campo ha sido mi patio de juegos y la caza una parte natural de mi día a día. Cada jornada me enseñaba algo nuevo: a observar, a escuchar, a ser paciente y respetuosa con el entorno, a valorar la fauna y la naturaleza que me rodea. Esas experiencias no solo me formaron como cazadora, sino que me dieron una educación y unos valores que llevo conmigo siempre.
No me imagino sin haber vivido una infancia así; para mí ha sido un regalo invaluable. Cada paseo, cada momento con los perros y cada consejo de mis mayores ha dejado huella en quién soy hoy y en cómo entiendo la vida, el respeto por los animales y la pasión por el monte.
P. Hoy eres una cazadora referente muy unida al mundo rural, a la agricultura, a la cultura tradicional de nuestro país... ¡Serías la misma persona que eres actualmente si te hubieran prohibido ir a cazar?
R. Sinceramente creo que no. La caza ha sido una parte esencial de mi educación y de mi relación con el mundo rural. Me ha enseñado respeto, responsabilidad, paciencia y el valor de las tradiciones familiares.
Si me hubieran prohibido vivir todo esto desde joven, mi relación con la naturaleza, con la caza y con la cultura rural sería completamente distinta.
P. ¿Qué le dirías a otros jóvenes que quieren acercarse a la caza pero ven titulares o artículos que los alejan de la realidad?
R. Si de verdad quieren entender qué significa vivir la caza, no se queden con lo que dicen los medios. Tienen que acercarse al monte, acompañar a alguien que lo haya vivido desde niño, sentir la emoción de la preparación, la paciencia, los perros, el barro, el silencio del campo y la unión con quienes te rodean.
La caza no es violencia ni un juego, es tradición, aprendizaje y respeto. Es una experiencia que marca para toda la vida, te enseña a valorar la naturaleza, a respetar a los animales y a crecer con responsabilidad. Quien no lo vive, nunca podrá entenderlo de verdad.