Un pinchazo y un culpable muy cinegético
Las cuernas de un corzo, aún sujetas a un trozo de cráneo del animal, se han colado en el flanco de un vehículo. Esto constituye un alto riesgo de avería.
Circular por caminos rurales conlleva diversos riesgos. Entre los más recurrentes encontramos los reventones, encallar los neumáticos o empanzar el coche en barro. Pero la posibilidad de que las cuernas de un corzo se incrusten en el flanco del coche es muy reducida. De ahí la sorpresa del conductor al descubrir lo que ha sucedido.
La cabeza de un corzo
Sabemos que el paso de rueda es ese hueco o espacio en la carrocería del coche destinado al alojamiento de las ruedas. Esta parte incluye el guardabarros, que suele estar protegido por un revestimiento plástico o de goma para evitar que el barro, las piedras y el agua dañen la carrocería o los componentes mecánicos. Y es ahí precisamente donde se han clavado las terceras puntas de las cuernas del cérvido.
Peligro para el conductor y para la seguridad vial
Esto representa un riesgo considerable, tanto para el vehículo y sus ocupantes como para la seguridad vial. Estos objetos pueden causar daños inmediatos o a largo plazo, comprometiendo el manejo del vehículo. Entre esos daños inmediatos se puede producir un pinchazo en el neumático si esos objetos tienen partes punzantes o afiladas. Y todos sabemos que las cuernas del corzo cuentan con puntas incisivas.
Además, vemos cómo el pedazo de cráneo con las cuernas se ha alojado junto al amortiguador. Esto se convierte en otro riesgo de rotura o deformación de este elemento esencial para la circulación.
Sin olvidar que este objeto puede provocar la pérdida de control del vehículo por bloqueo de la rueda o pinchazo, especialmente si se circula a alta velocidad.
