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A pedradas con un enorme jabalí: solo podía acabar así de mal

Varios sujetos avanzan por una ladera de monte bajo y se topan con un gran suido silvestre que, además, está herido en una de sus patas. A uno de ellos no se le ocurre nada más descabellado que lanzarle piedras.

A pedradas con un enorme jabalí: solo podía acabar así de mal

En demasiadas ocasiones hemos sido testigos de la resistencia física que demuestran los jabalíes al recibir impactos de bala en sus fornidos cuerpos. Esto se debe, además de a su envergadura, a un conjunto de tejidos cutáneos y subcutáneos muy endurecidos que acumulan durante su vida los grandes ejemplares y que les sirven como 'armadura natural' que protege su anatomía.

La armadura del jabalí

Comenzando por la dermis del Sus scrofa, un tejido grueso y resistente que contiene fibras de colágeno y elastina, algo esencial que aporta resistencia a los desgarros y flexibilidad frente a impactos. Bajo esa piel, encontramos tejido fibroso subcutáneo que se torna fibroso y se endurece a medida que los animales van cumpliendo años, soportado sobre una capa de grasa subcutánea y la capa muscular.

Por todo esto, no resulta muy recomendable intentar herir a un gran verraco lanzándole piedras, pues lo único que conseguiremos es enfurecerle y originar un ataque como el que inicia este gran ejemplar.

 

Afortunadamente, el temerario lanzador de piedras consigue esquivar el ataque del suido, sobre todo porque el animal se encuentra mermado físicamente al cojear ostensiblemente de una pata delantera.

 


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