Varias liebres juegan en torno a un defensivo gallo lira
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Varias liebres juegan en torno a un defensivo gallo lira

La insólita escena recoge el momento en el que varias liebres de montaña llevan sus disputas prenupciales a un lugar del bosque en el que encuentran un macho de gallo lira que se siente amenazado por la cercanía de los agitados lepóridos.


Cinco ejemplares de liebre de montaña, también conocida como liebre variable (Lepus timidus) y liebre irlandesa, protagonizan una escena más propia de finales de este mes de febrero, cuando da comienzo su época de celo. Es cuando corren en persecuciones entre machos y hembras y cuando estas, más agresivas en su defensa selectiva, golpean a los machos en combates que recuerdan al noble arte del boxeo.

Un gallo a la defensiva

En estas tareas de interacción social, el gallo lira se ve sorprendido y adquiere una postura de defensa, ahuecando sus plumas y colocando sus alas en forma semicircular. Esto le sirve para adquirir una apariencia en tamaño de casi el doble de esos 60 centímetros de longitud que miden los machos adultos.

En nuestro país, esta especie se incluye en el Anexo IV de la Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, en el que se incluyen especies que serán objeto de medidas de conservación especiales en cuanto a su hábitat, con el fin de asegurar su supervivencia y su reproducción en su área de distribución.

 

La liebre variable

Estamos ante un lepórido perfectamente adaptado a los ecosistemas polares y montañosos. La encontramos en áreas entre Fenoscandia y el este de Siberia, pero también habitan zonas de montaña en poblaciones en los Alpes, Irlanda, Polonia, el Reino Unido y Hokkaidō. Cambia de color en su pelaje de marrón a blanco como estrategia de adaptación evolucionadísima. A medida que llegan los días de nieve, comienza a ir sustituyendo el pardo de su cuerpo, apareciendo manchas blancas, generalmente primero en patas y cabeza, que predominarán en el pelaje de todo su cuerpo en noviembre, tres meses después de que comenzase este largo proceso.

Esto responde a dos funciones adaptativas. La primera es la más lógica: el camuflaje en suelos nevados es inigualable. El segundo es el aislamiento térmico. Resulta muy similar a la ropa de verano y la de invierno, ya que cuando el pelo se vuelve blanco también cambia la estructura del pelo, más largo, más denso, capaz de conservar más aire entre ellos, cerca de su piel, convirtiéndolo en aislante del frío. Esto les lleva a soportar temperaturas muy bajas, de hasta -20 grados centígrados. También contribuye a reducir el gasto energético, precisando comer mucha menos cantidad para producir temperatura.

 


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