Jose Luis Garrido: cazar y hacer escuela

Nos dejó José Luis el último día de 2025 a la edad de 82 años. Es una de las personas que más ha trabajado para la caza en España.

Jose Luis Garrido: cazar y hacer escuela

«El dato es el dato», le gustaba decir. A veces, de forma recia. Fue un pionero, un precursor. Cuando nadie se ocupaba de los datos de la cinegética, él predicaba la necesidad de hacer estudios, de recopilar estadísticas, de armarse de argumentos, de elaborar un relato con el que contrarrestar los ataques a la caza. A veces me recordaba a San Simón predicando encima de una columna en el desierto en un mundo cinegético más preocupado por el cuerno, el colmillo o el campeonato que por defender —cargados de razones— a la actividad cinegética.

Jose Luis Garrido: cazar y hacer escuela

 

Era como Don Quijote, seco de carnes, gran madrugador y amigo de la caza. Pequeño de estatura, enorme e incansable trabajador: un martillo pilón. Creó la Escuela Española de Caza y la llevó a su máximo esplendor. Fue otra pica en Flandes. «Cazar y hacer escuela», le gustaba decir. En la Escuela le sucedió Patxi Andión, con el que forjó una sólida y cariñosa relación de amistad. «El hombre noble vive siempre en servidumbre», decía. Y Patxi se refería a él con complicidad como «su mentor». Fue una época dorada, de sembrar y cosechar para la caza y los cazadores españoles. De aquel período surgieron muchas iniciativas y actividades muy positivas. Como director de la Fundación para la Defensa y Estudio de la Naturaleza y la Caza (FEDENCA) de la federación (hoy muerta y enterrada), impulsó numerosos proyectos científicos relacionados con la caza (genética de la perdiz, semillas blindadas, becada, codorniz…). Suya es la frase de que «si no existieran los cazadores, habría que crear el cuerpo de cazadores del Estado», hoy una realidad. Fedenca y la Escuela eran un vivero de conocimiento, con publicaciones anuales de referencia.

Jose Luis Garrido: cazar y hacer escuela

 

Creía José Luis en la caza federada. Se autodefinía como «cazador a granel» o cazador social. Reivindicó siempre la caza como una actividad transversal en la que hay gente de cien mil raleas, y la necesidad de abogar por el cazador de base. Defendió siempre la necesidad de preservar la perdiz roja salvaje, su pureza, y escribió en la revista Federcaza —donde fue asesor de dirección— una y otra vez sobre la patirroja. Le gustaba citar a Antonio Machado («desdeño las romanzas de los tenores huecos…»). Constante y pertinaz. No le mojaba la pólvora a nadie, expresión que aprendí de él. Tenía una vena de guasón soterrado y un ojo clínico para junar al personal y los motejaba: «el trilero», «la versallesca», «los bandoleros», «el engolado»… y lo clavaba.

Jose Luis Garrido: cazar y hacer escuela

 

Inventamos (en realidad lo inventó él) el concepto de conspirar para el bien: «porque el bien también conspira». De la crisis que, de 2012 en adelante, asoló la Federación Española y que provocó mi salida y la dimisión de Patxi, José Luis y de la inmensa mayoría de la Junta Directiva de aquella época, se consolidó entre nosotros una alianza para el bien. Seguimos trabajando para la caza. Recuerdo con especial cariño la presentación en la Casa de Cervantes de Valladolid de mi libro «Don Quijote: gran madrugador y amigo de la caza». Impulsó el proyecto CAZDATA, y durante años, por amor al arte, se encargó de recopilar los datos de capturas de piezas de caza en toda España. Le han definido como un sabio en algún artículo reciente. Lo era. Pero, sobre todo, era, parafraseando a Machado, «en el buen sentido de la palabra, bueno».

 


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