Toledo

Le toca un rececho en un sorteo y caza el muflón de su vida

Una joven cazadora andaluza resulta agraciada en un sorteo de caza. No desaprovecha la oportunidad y abate un muflón medallable en una finca de Toledo.

Le toca un rececho en un sorteo y caza el muflón de su vida

Es el segundo ejemplar de la especie y el de mayor trofeo cazado por Yolanda Collado en su breve pero intensa trayectoria cinegética. Los muflones son originarios de las islas mediterráneas de Córcega y Cerdeña, aunque su ancestro salvaje procede de la región del Caspio. La especie fue introducida en España en 1953, con las primeras liberaciones en la Sierra de Cazorla, provenientes de Francia. En las islas Canarias fue introducida en la década de los 70.

Le toca un rececho en un sorteo y caza el muflón de su vida

 

Mujer rural del siglo XXI

Yolanda Collado es una joven cazadora nacida en la provincia de Granada. Su pasión por el mundo rural y forestal la ha llevado a cursar un grado de técnico forestal. Actualmente se está preparando para desempeñar la labor de bombera forestal. Practica la caza menor, pero la modalidad que le quita el sueño es la caza mayor.

Es una activa defensora de la caza y del sector primario en redes sociales. La labor realizada por la andaluza en favor de la caza y del mundo rural ha sido reconocida por prestigiosas marcas del sector cinegético. La cazadora es embajadora de las armas de fuego Aselkon, de los productos térmicos de Nocpix, Caza Ibérica y Garmin, y colabora con Vanguard, Cudeman, Tres Puntales y con una plataforma de sorteos de caza.

Le toca un rececho en un sorteo y caza el muflón de su vida

 

Cumple el sueño de abatir un muflón medallable

La cazadora comparte con los usuarios de Club de Caza la experiencia de la que pudo disfrutar gracias a la plataforma creada por Pedro Segovia.

«Esta vez me desplazaba hasta Los Yébenes a cumplir y canjear el premio que me tocó en uno de los sorteos exclusivos de una plataforma digital para hacerme con un muflón medallable.

Vine aquí mosqueada, por la mala suerte que había tenido en recechos anteriores. Creía que me había gafado y mis esperanzas eran mínimas.

Eran las 15:00 horas y poníamos rumbo a la finca El Secreto, donde pudimos echar una tarde de caza espectacular en un terreno de ensueño. Julio, el guarda de la finca, nos acompañó en la cacería. Localizamos al macho con las características que buscábamos y nos pusimos manos a la obra. Iban muchas hembras y más ejemplares con él, por lo que teníamos que ser lo más sigilosos posible.

A unos 70 metros me dio la oportunidad de realizarle el primer tiro, pero la mala posición en la que nos encontrábamos y lo bajos que estábamos me obligaron a disparar de rodillas, mal apoyada. Eso me hizo pensar que había errado el disparo. Minutos después lo volvimos a ver, esta vez solo, apartado de toda la manada, cosa que nos extrañó. Se puso a tiro, me preparé y lo demás es historia.

Me desencaré el rifle corriendo y lo vi caer. Mi emoción no cabía en mí en ese momento; no podía dejar de temblar.

Cuando nos acercamos, efectivamente vimos que llevaba los dos tiros, y fue aún más gratificante.

Desde aquí quiero dar las gracias a Julio, porque mano a mano hicimos un rececho con los nervios y la ilusión a flor de piel, estudiando cada minuto la jugada que nos haría el muflón y siendo partícipes el uno del otro de lo que llegamos a sufrir.

Por supuesto, dar las gracias de nuevo a Pedro por darme la oportunidad de haber tenido un rececho así y por brindarme la ocasión de conocer un lugar de los que merecen volver».

 


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