Lo conocen por varios nombres, cada uno característico en una zona de nuestras costas. Anjova, anchova, chova, golfar, pez azul… Hablamos del Pomatomus saltatrix, una especie que encontramos prácticamente en todos los mares templados del mundo excepto en el Pacífico Norte. Los ejemplares de mayor tamaño superan los 16 kilos y longitudes de más de 120 centímetros.
Pueden vivir en numerosos bancos, convirtiéndose en depredadores letales que son comunes en puertos y escolleras. Sus víctimas son los peces de menor tamaño que ellos, a los que atacan con sus grandes boicas dotadas de afilados dientes. Cuando la cierran, son capaces de cercenar los cuerpos de sus presas, llevándose parte de su anatomía y dejando imágenes como estas.
Una anjova ha atacado la parte trasera de una lisa (Mugil cephalus). En la primera acometida le ha quitado toda la cola y parte de su cuerpo. A continuación, vuelve a cerrar sus dientes sobre el mújol y lo sacude violentamente, llevándoselo lejos de la superficie.
Ataques a humanos
Ni por tamaño ni por alimentación estos peces representan un peligro real para el ser humano. Pero sí que se han registrado ataques a personas en aguas del Mediterráneo, sobre todo en los últimos años, la mayoría debido a confusiones, al atacar los peces uñas pintadas de pies de bañistas confundiéndolos con pequeñas presas.
Así, en julio de 2019 cerraron tres playas de Alicante tras dos mordiscos a niños de 7 y 10 años que disfrutaban del agua muy cerca de sus orillas. Uno de los niños describió a su atacante como un pez azul y verde de medio metro de longitud. Él mismo la vio mientras observaba los fondos de la playa con gafas, e intentó tocarla. Ante esto, el pez reaccionó de manera violenta y le mordió.
Rodeados de anjovas: solo la pesca submarina te lleva a vivir algo así
El mismo año, solo un mes después, una bañista fue mordida en el pie, con sección de un tendón, en la playa del Rebollo de Elche, supuestamente también por una anjova o pez golfar.
Más recientemente, ya en julio de este mismo año, una turista italiana de 85 años sufrió un mordisco en el gemelo izquierdo en la Playa de Palma (Mallorca). Aunque inicialmente se sospechó que pudiera ser una mordida de tintorera o una especie de tiburón menor, el experto en biodiversidad marina Aniol Marilles ofreció la hipótesis de que la agresión podría provenir de una anjova.
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