Los anfibios son el grupo de vertebrados más amenazado del planeta. Los numerosos casos de declives y extinciones poblacionales de estos animales tienen su origen en su especial sensibilidad al conjunto de factores de riesgo que actúan sobre sus hábitats. Más allá de los efectos que cada uno de estos factores tiene por separado, es la combinación de varios de ellos lo que ha hecho que el declive de los anfibios tenga un alcance global.
Dos de los factores que con mayor frecuencia se mencionan como amenazas para los anfibios son la contaminación y las enfermedades emergentes, elementos que ya por sí solos pueden causar efectos severos sobre estos animales, pero cuya combinación resulta en muchas ocasiones en sinergias que multiplican el daño causado sobre sus poblaciones.
El Proyecto AMPHIDEB, financiado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y desarrollado por un consorcio coordinado por el Grupo de Investigación en Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), tiene como objetivo explorar los efectos combinados de la contaminación química, en particular de los productos fitosanitarios, con otros tipos de estresantes sobre las poblaciones de anfibios, con el propósito de desarrollar modelos predictivos que permitan evaluar anticipadamente los riesgos que la autorización de fitosanitarios puede tener sobre las poblaciones de anfibios en un contexto real donde todos esos estresantes actúan de manera conjunta.
Como parte de esta investigación, científicos del Grupo de Toxicología del IREC y de la Universidad de Gante (Bélgica), han realizado un estudio experimental para evaluar los efectos combinados del herbicida 2,4-D y el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis sobre la supervivencia y la condición de individuos jóvenes de sapillo pintojo (Discoglossus pictus). En este experimento se testaron dos cepas del hongo con niveles de virulencia diferentes.

El sapillo pintojo se reproduce principalmente en charcos naturales de pequeña entidad como los que se forman en los paisajes agrícolas mediterráneos tras las lluvias. Además, tiene un desarrollo larvario rápido, lo que le permite criar en esas masas de agua temporales y le hace especialmente vulnerable a los estresantes ambientales que pueden afectar a dicho desarrollo (Foto: Miguel Carretero).
El 2,4-D es un herbicida que actúa sobre las plantas fanerógamas (comúnmente llamadas “de hoja ancha”) y se aplica frecuentemente sobre los campos de cereal para prevenir el crecimiento de amapolas y otras plantas silvestres que compiten con el cereal. Estas aplicaciones se realizan fundamentalmente entre finales del invierno y principios de primavera, coincidiendo con el periodo reproductor de la mayoría de los anfibios. Parte del herbicida aplicado puede acabar, a través de la deriva durante la fumigación o por escorrentía del suelo de los campos recién tratados, en los medios acuáticos próximos a los cultivos, los cuales constituyen un hábitat típico para la reproducción de los sapillos pintojos.
Batrachochytrium dendrobatidis, por su parte, es un hongo con esporas acuáticas que infectan la piel de los anfibios, alterando su función y causando la muerte de los individuos vulnerables. Este hongo es responsable de la extinción de cientos de poblaciones de anfibios en todo el mundo, incluyendo algunas en España como las del sapo partero en la Sierra de Guadarrama.
Los resultados de la investigación muestran que la exposición tanto de larvas como de sapillos recién metamorfoseados a la cepa más virulenta, de origen exótico, afectó al crecimiento y resultó en una peor condición corporal; mientras que la cepa menos virulenta, endémica de Europa, también afectó al crecimiento, pero solamente cuando la exposición sucedió durante la metamorfosis.
El herbicida, por su parte, redujo la tasa de crecimiento larvario, lo que desembocó en juveniles de menor tamaño, algo que en la naturaleza se asocia a una menor probabilidad de supervivencia en los anfibios. La exposición conjunta de la cepa menos virulenta de B. dendrobatidis con el 2,4-D resultó en efectos de similar severidad a la que había causado la cepa más virulenta.

Resumen gráfico del trabajo de investigación.
Este estudio pone de manifiesto que la exposición a fitosanitarios puede alterar el balance de las interacciones entre patógenos y hospedadores anfibios, transformando infecciones que normalmente serían tolerables en infecciones dañinas para el animal. En línea con la investigación que desde el IREC se hace en el contexto One Health, el trabajo aporta nuevas evidencias en refuerzo de la necesidad de gestionar las diferentes amenazas para la salud de la fauna silvestre de manera integrada.
Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:
- Martel, A., Blomme, E., Verbrugghe, E., DeBruyckere, S., Van Praet, S., Ortiz-Santaliestra, M.E., Pasmans, F. 2025. Exposure to the herbicide 2,4-D exacerbates infection outcome of a global amphibian pathogen. Science of the Total Environment 1007, 180923.
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