Nati Colón y Juan Manuel Alamillo son propietarios de Caza, Pesca y Deportes Alamillo, tienda especializada en la actividad cinegética y la pesca de costa y continental, situada en Aznalcóllar, municipio de la provincia de Sevilla.

Trabajan con todas las marcas del sector cinegético, tanto de armas de fuego como de accesorios de visión térmica y nocturna. Además, también comercializan productos de limpieza, cuidado y puesta a punto de las armas de fuego. En el comercio también podemos encontrar materiales necesarios para el paintball, airsoft y otros deportes en general.

Unidos en la vida y la caza
Nati y Juan Manuel se conocieron en el año 2014, cuando la cazadora fue a comprar un rifle a la armería del sevillano. Desde ese día se convirtieron en compañeros de existencia y caza. Ambos se iniciaron en la actividad de la mano de sus padres cuando eran muy pequeños. Los valores que les inculcaron sus familias se los han transmitido a sus hijos.
La cazadora iba de montería con Juanma, su retoño de 5 años, en el vientre. Esa temporada acudió a 35 cacerías. La cazadora bromea diciendo que le daba patadas cuando oía las ladras de los perros. La afición de la familia Alamillo Colón es tal que sus periodos vacacionales los dedican a la caza. Practican el rececho, espera, montería y caza menor.

Una montería en familia
El viernes los cazadores sevillanos se desplazaron hasta la Sierra de San Pedro para participar en la cacería que se iba a celebrar el sábado en una finca de San Vicente de Alcántara, municipio de la provincia de Badajoz. La montería estuvo organizada por la orgánica de caza Entre Amigos. Coincidía con el fin de semana en el que Nati cumplía años. Juanma fue el encargado de elegir el puesto. Les tocó en suerte la postura número 9, colocada entre encinas y alcornoques. La cazadora portaba un rifle Blaser R93 Luxus del calibre .300 WM equipado con un visor Kahles K318i 3,5-18x50.
Nada más liberar a los perros, ven a un venado con un trofeo impresionante; la cazadora lo califica como el ciervo de su vida. Decide, con buen criterio, no dispararle al entrar el macho por un viso. Esta no es la única res que elige este lugar para escapar de los canes. A las 11:00 horas la montera yerra un venado de 11 puntas. Media hora más tarde tiene la fortuna de cazar un macho de 12 candiles. Pese a que el puesto era su regalo de cumpleaños, le cede el arma a su marido.
Frente a la postura pasa una enorme pelota de venados. Un impresionante macho de 16 puntas trata de ocultarse entre las ciervas. El cazador lo abate de un único disparo. Los monteros no pueden contener la emoción y se funden en un abrazo.

