Un felino emblemático de nuestro país, que ha sido reintroducido en un entorno natural para que se adapte a él y cumpla su ancestral función como depredador de especies como el conejo, otros roedores, aves, reptiles... Pero estas sueltas tan estudiadas a veces acaban de la peor manera para los profesionales del campo.
El caso más mediático de los últimos meses lo encarna el macho de nombre Níscalo, un macho de diez años al que no le convenció el hábitat elegido para su suelta, en el Parque Nacional de Monfragüe, y lo cambió por el entorno de varias ganaderías de ovejas de Cáceres, a 50 kilómetros de los montes donde fue liberado.

Níscalo con una de sus víctimas.
Allí ha matado a varios corderos recién nacidos. El primero fue en Talaván. Y debió de gustarle y parecerle sumamente fácil. Una presa de varios kilos de sabrosa carne que apenas huye. Un chollo comparado con un conejo de monte. Pero al propietario de la ganadería, José María Cerro, no le parecía tan provechoso. Al contrario, fue perdiendo cordero tras cordero hasta que consiguió grabar al depredador, con su collar GPS al cuello, sin preocuparse por la cercanía del ser humano y muy afanado en llevarse de la finca uno de los corderos que mató. Ni los perros de protección ni las alambradas consiguen disuadirlo.
Capturado y trasladado a Monfragüe
La solución parecía simple: sedarlo y llevárselo lejos de los corderos. Y así procedieron. Lo volvieron a soltar en el Parque Nacional de Monfragüe, pero no debió de gustarle la idea. Ya que conocía el camino hacia la ganadería, lo ha vuelto a recorrer y ha sido grabado de nuevo acechando y, como asegura ASAJA Extremadura, «matando corderos».
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