Ayer sábado se celebró una montería en Calañas. Este enclave, ubicado a 64 kilómetros de la ciudad de Huelva, en el interior de la provincia andaluza, es rico en espacios forestales donde predominan eucaliptos y pinos, encinas, alcornoques y chaparros. Más abajo, jara, romero, brezo y tomillo. Un hábitat ideal para conejos, perdices y torcaces, pero también jabalíes.
Es lo que soñaba poder intentar abatir Javier de Soto Clavero, sobrino de nuestro querido José Ignacio Ñudi, cuando ocupó su puesto montero. Y cuando los sueños se combinan con la fortuna y se resuelven con la experiencia y el buen hacer, suceden cosas como esta.
Un certero disparo
El jabalí ofrece su flanco al cazador en una carrera frenética por dejar atrás a las rehalas. Javier encara su arma, una escopeta de calibre 12, y descarga un único disparo a unos 40 metros de distancia. No hace falta más para asegurarse su captura: un bonito macareno dotado de buenas defensas en forma de afilados colmillos.

El jabalí abatido por el joven montero luce un bonito trofeo en su boca. A la derecha, Javier de Soto junto al jabalí abatido ayer en montería.
El joven cazador tiene solo 21 años, pero siempre acompañó a su padre y tíos en sus jornadas en estos montes. Curiosamente, es el mayor de tres hermanos y solo él ha desarrollado esa pasión enfermiza por la caza. Le encanta tanto la mayor como la menor y, como queda demostrado en el lance que nos ha invitado a vivir, es un excelente tirador. Este no es el primer cochino que caza, ya que es asiduo de monterías y esperas, pero sí es el más grande… hasta ahora.
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