Las vacas son animales rumiantes herbívoros. Esto significa que se alimentan de hierba, forraje y hojas esencialmente. Pero, en ocasiones, con animales con escasos recursos, se han registrado ejemplares que lamen huesos o comen pequeños animales muertos con el objetivo de obtener minerales como fósforo y sodio.
Animales movidos por la necesidad o la curiosidad
El estómago de las vacas está adaptado para digerir celulosa vegetal, no carne o restos animales. Por ello, resulta extraño, aunque no imposible, que estos animales herbívoros recurran a ellos de manera ocasional y totalmente oportunista para saciar su hambre o alguna carencia fundamental para su organismo. Y siempre en ejemplares en estado de semilibertad o abandonados, como ocurre en este paraje apartado de la civilización de Kazajistán. Esto no significa que se les pueda considerar en modo alguno animales carnívoros. Pero la pregunta aquí es: ¿qué le sucede a una vaca si come carne?
Consecuencias para una vaca tras ingerir carne
Si una vaca come carne, ya sea por accidente, intencionadamente o simplemente por curiosidad, su sistema digestivo reacciona en función de la cantidad y la frecuencia con que lo hace. Así, si la ingesta es única y de escasa cantidad, algo accidental porque el pienso suministrado contiene trazas por error, su sistema digestivo (rumen) lo digerirá, ya que puede tolerar pequeñas cantidades de proteína animal, aunque no esté preparado para ello. El animal podrá sufrir molestias digestivas leves en forma de gases, diarrea o cambios en el pH del rumen.
Esa carne no aportará beneficio nutritivo alguno. El asunto se complica si se consume carne de manera repetida o en grandes cantidades. Esto afectará a ese equilibrio microbiano del rumen, ocasionando afecciones más graves, como indigestión, hinchazón abdominal por gases, acidosis ruminal, pérdida de apetito… Se ha llegado a registrar la muerte del rumiante en los casos más graves.
El fantasma de las vacas locas
En los casos más extremos, cuando coinciden las ingestiones de carne procedentes de animales enfermos o procesados con agentes infecciosos de enfermedades como el archiconocido caso de la encefalopatía espongiforme bovina, se llega a sucesos tan graves como el «mal de las vacas locas».
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